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De Wolfowitz a Zoellick: Una oportunidad perdida

15 July 2007

La peor crisis que se haya visto en el Banco Mundial en más de 60 años interrumpió los negocios por más de seis semanas. ¿Qué sucedió realmente, qué negocios hay por terminar, y cuáles fueron las lecciones aprendidas?

A comienzos de abril de 2007, el Proyecto Rendición de Cuentas Gubernamentales, una ONG estadounidense, reveló los datos de la nómina de Shaha Ali Riza, una oficial de comunicaciones transferida en pasantía al Departamento de Estado de Estados Unidos para evitar un conflicto de intereses respecto a su ‘relación romántica’ con el entrante Presidente Paul Wolfowitz. Riza había recibido aumentos salariales muy por encima de los permitidos de acuerdo con las normas del personal del Banco. Wolfowitz, quien había estado luchando contra la corrupción (ver Boletines 53, 55), había presionado el asunto.

La Junta del Banco formó un Comité ad hoc para investigar el hecho. Inicialmente Wolfowitz se disculpó por su "error" diciendo que estaba dispuesto a dar una "completa cooperación" a la investigación de la Junta. En un movimiento sin precedentes, los ministros en el organismo más elevado del Banco, el Comité de Desarrollo, hicieron el siguiente comentario en la reunión de primavera: "Respaldamos las acciones de la Junta al investigar este asunto y le pedimos que complete su labor. Esperamos que el Banco se adhiera a un alto estándar de gobierno interno."

En la medida en que se fueron descubriendo más datos fue creciendo la lista de quienes pedían la cabeza de Wolfowitz, incluyendo a la Asociación del Personal del Banco, 37 de los 39 directores de país, 42 de los antiguos ejecutivos de mayor categoría del Banco, el Director General Graeme Wheeler, y el Grupo de Evaluación Independiente, el cual se lamentaba de "que la habilidad del personal para llevar a cabo las interacciones diarias con los clientes estaba siendo erosionada." Dentro del Banco el trabajo se paró bajo las circunstancias que el personal llamó "La Situación Actual" o TCS (The Current Situation).

Wolfowitz entonces empleó al abogado Robert Bennett, quien acusó a los detractores de hacer una "campaña de suciedad", trató de desacreditar a los miembros de la Junta y del personal, y amenazó con revelar los salarios de la Junta y del personal. Sin embargo, el antiguo consejero legal general Roberto Dañino, el antiguo miembro de la Junta y Presidente del Comité de Ética, Ad Melkert, y el antiguo Jefe de Recursos Humanos, Xavier Coll, refutaron todos los intentos de poner la culpa del asunto sobre el personal o la Junta.

Los miembros europeos, asiáticos y latinoamericanos de la Junta estaban en el grupo que quería que Wolfowitz renunciara. Un vocero del Ministro de Desarrollo alemán, Heidemarie Wieczorek-Zeul, fue el primer funcionario que declaró abiertamente: "la renuncia voluntaria [sería] la mejor solución para el Banco y sus metas." Se dijo que los Estados Unidos, Japón, Canadá y África permanecieron fieles a Wolfowitz. La posición de los ministros africanos fue particularmente difícil – el apoyo de Wolfowitz por el alivio a la deuda en algunos países africanos y las amenazas bajo cuerda de Estados Unidos hicieron que fuera difícil para ellos pedir su renuncia. Sin embargo, las ONGs africanas se distanciaron de la insinuación de que ‘África respaldaba a Wolfowitz.’

Después de varias demoras cuando la Junta trataba de responder a los ataques de Bennett de que había sido un "juicio a la carrera", el Comité ad hoc publicó su investigación el 14 de mayo de 2007. Ésta concluyó diciendo que Wolfowitz había violado el código de conducta del Banco y varias otras normas de personal, y que su participación en la asignación externa de Riza constituía un conflicto de intereses.

Tres agonizantes días después Wolfowitz renunció. Las amabilidades diplomáticas requirieron que la Junta retrocediera de las claras conclusiones del Comité ad hoc: "Él nos aseguró que había obrado en forma ética y de buena fe, en lo que él creía era en el mejor interés de la Institución, por lo que aceptamos su declaración." La fecha de su renuncia fue fijada para el 30 de junio en medio de mucha especulación – la cual no fue ni confirmada ni negada – de que este contrato incluía un bono de dos años de servicio que se cumplía en junio.

La Asociación del Personal pidió a la Junta que colocara a Wolfowitz en licencia administrativa hecha efectiva en forma inmediata. "para proteger el personal en contra de cualquier venganza" y para prevenir que Wolfowitz tomara decisiones que afectaran el Banco Mundial o a su personal.

Al tiempo que Wolfowitz nunca se embarcó en una amenazada despedida a África, antes de su salida nombró al australiano Simon Stolp, antiguo consultor del Departamento de Defensa de Estados Unidos, como Director del Banco en Irak. El nombramiento de Stolp continúa el patrón de nombramientos inadecuados de políticos de carrera. El Panel del Banco que entrevistó a los candidatos para el cargo, dijo que "no se sentían seguros de que [Stolp] pudiera llegar a ser un representante importante y creíble del Banco… debido a su débiles antecedentes de tipo analítico, y a su falta de conocimiento sobre el Banco."

La pandilla de los seis

Un asunto crítico sin resolver es el destino de quienes han llegado a ser conocidos como ‘la pandilla de los seis’ – o sea los nombramientos de alto nivel hechos por Wolfowitz.

Los más controversiales fueron los de los antiguos funcionarios de la administración Bush: Kevin Kellems, Robin Cleveland y Karl Jackson, nombrados como ‘consejeros especiales’ con arreglos salariales equivalentes al del personal de más alto nivel del Banco. El nombramiento de Kellems estuvo asociado con indiscreciones embarazosas. Éste renunció a principios de mayo de 2007.

Cleveland, a quien la mayoría del personal detesta aún continúa en el Banco. Ella vetó nombramientos senior y entregó cargos a aliados clave de la administración Bush. Ella también instruyó a Marwan Muasher, el nuevo Director de Asuntos Externos, sobre cómo responder al asunto Riza, y entre ellos convinieron una declaración que incluía reclamos engañosos.

Juan José Daboub, antiguo Ministro de Finanzas bajo ARENA del gobierno de derecha en El Salvador, fue nombrado Director de Gerencia por Wolfowitz a mediados de 2006. A Daboub lo detectaron tratando de borrar todas las referencias de planificación familiar tanto de la Estrategia de Asistencia de País de Madagascar, como de la Estrategia General de Salud del Banco (ver Comentario, Articulo 6). El principal científico del Banco Robert Watson confirmó que Daboub había "literalmente tratado de eliminar las palabras "cambio climático" de todas partes en [el marco de inversiones de la energía limpia] del documento de política."

Ana Palacio, antigua Ministra de Relaciones Exteriores bajo la administración de derecha de Aznar en España, fue nombrada Consejera Legal General a mediados de 2006. Existen dudas sobre las calificaciones de su personal y sobre su conducta profesional. Suzanne Rich Folsom, una abogada estadounidense, fue nombrada Jefe del Departamento de Integridad Institucional del Banco en el 2005. Se cuestiona su falta de voluntad al no investigar los cargos en contra de los aliados clave de Wolfowitz.

Una oportunidad perdida

Un número de comentadores de alto perfil pidió que se terminara el ‘acuerdo de caballeros’ por medio del cual los estadounidenses nombran al presidente del Banco y los europeos al director del FMI. Hubo un rayo de esperanza el 29 de mayo con la declaración de la Junta, la cual dio el plazo del 15 de junio para la presentación de candidatos para reemplazar a Wolfowitz, con un bosquejo de las cualidades clave que todos los candidatos debían tener. Estas cualidades incluyen: liderazgo, experiencia de gestión en organizaciones internacionales, deseo de realizar la reforma del gobierno de la institución, compromiso con el desarrollo, objetividad política e independencia.

Sin embargo la administración Bush inmediatamente entró en acción para aplastar cualquier reto al status quo. El mismo día después de muy poca o ninguna consulta, ellos nombraron a Robert Zoellick, antiguo secretario diputado de estado y representante principal sindical. Las reacciones de las ONGs estuvieron universalmente en contra de este nombramiento. David Woodward de New Economics Foundation señaló los "antecedentes de presionar a los demás, chantaje, soborno y abuso de poder en la OMC para promover los intereses de Estados Unidos por encima del mundo en desarrollo." Zoellick tiene estrechos vínculos con el sector privado, viniendo directamente del Banco de Inversión estadounidense Goldman Sachs, y de haber servido en la Junta de Consejeros del desacreditado gigante de energía estadounidense Enron.

Zoellick inmediatamente después de su nombramiento se embarcó en un viaje de ‘escucha’ por África, Europa y Latinoamérica. Él respaldó el enfoque del Banco sobre África, resaltó la importancia para el desarrollo de completar las conversaciones de comercio de la Ronda de Doha y reprochó al líder venezolano Hugo Chávez.

Después de la dolorosa batalla con la administración de Estados Unidos sobre la renuncia de Wolfowitz, ningún país encontró la forma diplomática de presentar un candidato diferente, a pesar de la cantidad de candidatos de gran calidad en los países en desarrollo, tampoco nadie se atrevió a expresar su inmensa preocupación sobre la falta de idoneidad de Zoellick. Una encuesta del Centro para el Desarrollo Global, del grupo de pensadores estadounidenses, puso a Zoellick en el séptimo lugar de nueve candidatos basándose en un criterio similar al anunciado por la Junta. Zoellick fue confirmado como Presidente del Banco Mundial el 25 de junio de 2007 y comenzó su trabajo el 1 de julio de 2007.

La tarea que espera a Zoellick es desalentadora. A corto plazo, él tendrá que enfrentarse con el descontento del personal, con el legado de los nombramientos de Wolfowitz, con el reabastecimiento de la Asociación Internacional para el Desarrollo (IDA -International Development Association) [ver Boletín 55], y con llevar a buen término la implementación de la política de anticorrupción de Wolfowitz. A mediano plazo, Zoellick tendrá que decidir qué tanta prioridad debe dar al papel del Banco en la resolución del cambio climático. También tendrá que distanciarse de la influencia de Estados Unidos en el trabajo de la salud reproductiva del Banco. Y habrá preguntas mayores en el horizonte sobre el papel del Banco en la arquitectura cada vez más competitiva internacionalmente de la ayuda, y sobre la reforma fundamental de la estructura gubernamental del Banco. Todos los ojos estarán pendientes en la forma como dirija la revisión de la esperada estrategia.

¿Cuál fue nuestro aprendizaje?

Éste, uno de los episodios más dañinos en la historia de 60 años del Banco, presenta varios temas a considerar:

  • ¿Aprenderán los presidentes futuros del error fatal de Wolfowitz? Su decisión inicial de rodearse de los ex-miembros de la administración Bush en el Banco, confirmó las sospechas de sus detractores. Esos ex-miembros en el Banco dirigieron los nombramientos y la agenda del Banco poniendo al personal en contra del Presidente.
  • La Asociación del Personal jugó un papel decisivo al comenzar y luego avivar el fuego de la inquisición. ¿Puede el personal del Banco empezar a poner más su peso sobre asuntos donde los profesionales del desarrollo con gran experiencia tienen más comprensión objetiva que los nombrados políticamente, tales como el cambio climático, la evaluación del impacto o la reforma gubernamental?
  • Las ONGs necesitan tener mejores relaciones con el personal del Banco que sea amable, para comprender mejor al Banco, trabajar con los actores principales del Sur, y exponer las fallas internas antes de que éstas alcancen niveles de crisis.
  • La Junta falló en su deber de supervisar al Presidente. La Junta necesita colocar los procesos en su sitio para evaluar el desempeño del Presidente de acuerdo con un plan de trabajo, y para evaluar también el desempeño de la misma Junta.
  • Un memorando filtrado de los gerentes senior del Banco pide una mayor separación de poderes entre la oficina ejecutiva y la legal, y las funciones del personal y de anticorrupción del Banco. A la Junta le conviene escuchar. También se necesita tener mejores protecciones para los denunciantes internos (whistleblowers) para asegurarse de que el personal se manifieste cuando sea necesario, y también para que sus avisos sean escuchados.
  • La estructura de gobierno del Banco está quebrantada. La Junta debe terminar inmediatamente el ‘acuerdo de caballeros’ en relación con la selección de líderes, para introducir principios democráticos en el gobierno del Banco. Si la Junta no hace esto, simplemente muchos países los abandonarán y se irán a otro lado.