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El FMI en Argentina: la búsqueda de relevancia

11 abril 2008

Por María José Romero, Choike

El FMI busca seguir marcando presencia en Argentina, a pesar de la postura crítica del gobierno hacia la institución. Desde la asunción de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia en diciembre dos temas motivan la participación del FMI en la vida política local: la renegociación de la deuda con el Club de París y la polémica por la elaboración de las estadísticas oficiales.

Desde 2005, Argentina y el Club de París no han logrado concluir la renegociación de la deuda. El club exige que los países deudores tengan un programa con el FMI, lo que Argentina ha rechazado enfáticamente. En diciembre, Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, estuvo de visita en Argentina y se manifestó públicamente dispuesto a colaborar en el proceso, pero advirtió que la única opción para Argentina es que el Club de París renuncie a pedir el aval del Fondo. El Club de París no ha modificado su posición, por lo que la posibilidad de un acuerdo se encuentra bloqueada.

Mientras tanto, el FMI realiza una investigación sobre el índice de inflación argentino para determinar si el país violó las normas internacionales mediante las cuales se establece el índice. En una carta enviada al gobierno, el director del departamento de estadísticas del FMI, Robert Edwards, sugiere que la canasta de inflación pudo haber sido modificada temporariamente y exige que Argentina le informe al FMI los cambios que piensa realizar en la medición de la inflación, y cuáles son las razones que los justifican. Como era de esperar, esta actitud generó un fuerte rechazo de parte del gobierno.

A comienzos de marzo, Héctor Torres, delegado argentino en Washington, informó a su gobierno que el FMI intentaría censurar duramente al país en la publicación «Perspectivas de la economía mundial», a ser lanzada en las Reuniones de Primavera. Finalmente, el FMI pospuso la crítica formal y pública y utilizó las cifras del gobierno en el informe. El gobierno argentino considera que se trata de un intento por parte de los círculos financieros locales y el FMI para socavar la credibilidad de la presidenta. Según el vicepresidente Julio Cobos, «estas (críticas) son apreciaciones del organismo; nosotros también podríamos desconfiar de las políticas que ha instalado el Fondo a lo largo de su historia. muchas nos afectaron y sin embargo mantenemos la prudencia en la reserva de nuestras palabras».