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Continúa la controversia: El hidropoder del Banco Mundial

27 July 2009

Un reciente documento del Banco Mundial donde se pide más apoyo a los proyectos de las grandes hidroeléctricas ha reiniciado la controversia sobre el acercamiento del Banco. Las ONGs dicen que la planeación de proyectos y su implementación todavía muestran falta de cuidado con las consideraciones relacionadas con lo social y el medio ambiente. El Banco se comprometió a reiniciar su trabajo con los proyectos de grandes infraestructuras del agua en 2003. Desde entonces los préstamos a los grandes proyectos que producen más de 10 megavatios aumentaron de US$23 millones a más de US$1.000 millones en 2008. También hay proyectos nuevos en preparación por US$2.000 millones. 

En ‘Direcciones del Hidropoder: Escalando para el Desarrollo’ – el personal del Banco escribe diciendo que el Banco aumentará sus préstamos con la tendencia a trabajar en grandes proyectos y con una mayor participación del sector privado, a través de la CIF (Corporación Internacional Financiera – International Finance Corporation). La primera asignación del nuevo Fondo de Economía Limpia (ver Boletín 60), permitirá el desarrollo del hidropoder del sector privado, el cual será contado como una fuente de energía renovable. Turquía será uno de los primeros en recibir esta financiación de la CIF, y se espera que sea para invertir en hidropoder. El documento afirma que los proyectos de hidropoder permiten un mejor manejo de los recursos del agua, y que ofrecen una alternativa a los combustibles fósiles, y por lo tanto reducen la dependencia de los países de las importaciones de petróleo y las emisiones globales del CO2. Sin embargo, también reconoce que el hidropoder “es y continuará siendo arriesgado y a veces controversial.”

De acuerdo con estimativos del Banco, el 77 por ciento del potencial de hidropoder viable en los países en desarrollo no se explota. Peter Bosshard de la ONG Ríos Internacionales afirma que los estimativos serían mucho menores si el Banco incorporara los costos sociales y del medio ambiente. Él dice: “El Banco Mundial proclama así una línea de propaganda sobre la industria de las represas ignorando las experiencias negativas sociales y del medio ambiente en países tales como Zambia, Zimbabwe y Ghana, que ya han explotado gran parte de su potencial de hidropoder existente.”

Este documento del Banco afirma que su nuevo acercamiento internaliza las consideraciones ambientales y la inclusión social. También dice que el Banco tiene un nuevo acercamiento sostenible, el cual internaliza bien los impactos de las poblaciones afectadas, incorpora el manejo responsable del medio ambiente, ofrece oportunidades de desarrollo tales como compartir el beneficio con las poblaciones locales; integra los valores económicos, sociales y ambientales para el análisis, e integra preguntas sobre el desarrollo institucional tales como los mecanismos de cumplimiento. Sin embargo, los críticos señalan que las comunidades locales no han sido involucradas en la toma de decisiones de los proyectos; los impactos de los ecosistemas alrededor han sido subvalorados; y que los acuerdos y compromisos sociales no han sido respetados en varios proyectos (ver Boletines 60 y 63). Bosshard dice que el Banco Mundial no ha aceptado la responsabilidad por los daños sociales y ambientales causados por los proyectos financiados anteriormente, tales como los desplazamientos no bien compensados, la enorme carga de la deuda, los ecosistemas dañados y serias violaciones de los derechos humanos.   

La CIF puede estar aprendiendo algunas lecciones. En el hidroproyecto Kafue en Zambia (ver Boletines 61 y 64), la CIF recomendó la reducción del proyecto por razones ambientales. Varias ONGs están trabajando juntas con el Banco Mundial en iniciativas de hidropoder viendo cómo lo pueden hacer bien. WWF y Oxfam participaron en un Foro de Sostenibilidad de Hidropoder, el cual desarrollará una nueva herramienta de evaluación sostenible este mes. Sin embargo, aun el Foro fue criticado debido a que las guías podrían reemplazar el marco de trabajo más estricto desarrollado por la Comisión Mundial de Represas (ver Boletines 20 y 47), y porque las comunidades afectadas no están formalmente representadas.