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Comentario: La estrategia del Banco para África estancada en la complacencia

24 June 2011

Poco después del lanzamiento de febrero de 2011 del documento de estrategia de diez años del Banco Mundial, El futuro de África y el apoyo del Banco Mundial, se vio un mini-tsunami de optimismo africano con publicaciones similares del FMI, de la Comisión Económica para África, del Foro Económico Mundial Africano, y del Banco Africano de Desarrollo.

Borracho con su propia retórica neoliberal, el establecimiento de las multilaterales se desmayó de gusto sobre el crecimiento supuestamente excelente del continente y las perspectivas de exportación, y en el proceso, restó importancia a las subyacentes opresiones estructurales en las que son cómplices: las relaciones corruptas de poder, la vulnerabilidad económica, el deterioro de las maldiciones de los recursos, la rapiña de la tierra y las amenazas de las enfermedades y del caos ambiental.

Vergonzosamente, la estrategia del Banco respalda la Unión Africana (UA). En un entonces se esperaba que la UA respondiera a las aspiraciones sociopolíticas y económicas de África, pero no sólo el líder libio Muammar Gaddafi ejerce un fuerte control en la presidencia de la UA, sino que la organización se convirtió en una fuente de tremendo clientelismo.

La Unión Africana ha sido incapaz de hacer frente a los gobernantes represivos en todo el continente, desde Dennis Sassou-Nguesso de la República del Congo, el rey Mswati III de Suazilandia, Meles Zenawi de Etiopía y Ali Bongo de Gabón.

Este tipo de gobernantes son los ejecutores lógicos de la estrategia del Banco. Ninguna cantidad de consultas falsas con la sociedad civilizada puede disfrazar la acumulación de deudas odiosas sobre las sociedades africanas, cortesía del Banco, del FMI y de sus aliados, los grandes prestatarios. Por el contrario, la estrategia para África no hace mención alguna de los molestos demócratas inciviles de la sociedad que se oponen a los dictadores cómplices del Banco, tan visibles en los últimos levantamientos y protestas en Túnez, Egipto, Libia, Argelia, Senegal, Benin, Burkina Faso, Gabón, Uganda, y Swazilandia.

El Banco continuará financiando opresores, dejando la estrategia para África mal estructurada, bien descrita por esta cursi metáfora arquitectónica: "La estrategia tiene dos pilares – la competitividad y el empleo, y la vulnerabilidad y la resistencia – sobre los cimientos de la gobernanza y la capacidad del sector público."

Dejando a un lado la retórica hipócrita de gobierno, el primer pilar se derrumba, porque normalmente una mayor competitividad a menudo requiere la importación de máquinas para reemplazar a los trabajadores. Y el asesoramiento del Banco para todos los países africanos de hacer lo mismo ¡ampliar la exportación! exacerba la saturación mineral o de cultivos comerciales, como se vio desde 1973 hasta el auge de los productos básicos de 2002-08. No es una buena estrategia que el Banco promueva en África nuevas exportaciones de los países africanos que ya sufren de una extremada dependencia de los productos básicos. En ninguna parte de esta estrategia se puede encontrar la intención real de ayudar a África a industrializarse en forma equilibrada.

La estrategia del Banco también se enfrenta a "tres riesgos principales: la posibilidad de que la economía mundial experimente una mayor volatilidad, el conflicto y la violencia política y además, los recursos disponibles para aplicar la estrategia pueden no ser suficientes." Estos no son sólo riesgos, sino certezas, dados los problemas no resueltos que causaron la crisis en 2008-09, o sea, un aumento de los conflictos emergentes basados ​​en la escasez de los recursos naturales, y la reducción de los presupuestos de ayuda por parte de los donantes en los próximos años. Mientras que el Banco mantiene "cierta confianza en que estos riesgos puedan ser mitigados", su estrategia en realidad los amplifica.

Reconvención floja del Banco: "Mientras que África, siendo una parte relativamente pequeña de la economía mundial, poco puede hacer para evitar tal contingencia, la presente estrategia está diseñada para ayudar a las economías africanas a enfrentar estas circunstancias mejor que antes." ¡Pero éstas no son "circunstancias" ni "contingencias!" Son las características principales de la economía política Norte Sur de la que África debería estar buscando protección.

Un ejemplo revelador es el cálido respaldo del Banco al comercio de flores cortadas de Kenia, a pesar del empeoramiento del estrés hídrico, de la volatilidad de los precios de los productos básicos, de las limitaciones de las inclemencias del impuesto sobre el carbono, y de una escasez paralizante de agua para la agricultura campesina. Y en cuanto a lo que es de hecho "la mayor amenaza para África a causa de su impacto potencial, el cambio climático, también podría ser una oportunidad." Los peligros para los campesinos y los administradores urbanos de la subida de siete grados de la temperatura global son subestimados, y ​las ​oportunidades para una visión más amplia para un África post-carbono no son tenidas en cuenta, tales como la importancia de que el Norte (incluyendo el propio Banco) pague su inmensa deuda climática a África.

La arrogante estrategia para África es peligrosa, sobre todo en la búsqueda de una ruta hacia "un consenso africano." ¿Necesita África una voz única neoliberal reclamando el "consenso", hablando desde lo alto de pilares inestables encima de cimientos en ruinas, voz basada en premisas falsas y procesos corrompidos, liderando proyectos piloto insostenibles y aliada con tiranos incurables e impermeables a las exigencias de la democracia y la justicia social?