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Repeticion de fallidas politicas para los paises arabes?

24 June 2011

Al tiempo que los movimientos revolucionarios convulsionan el mundo árabe, el Banco Mundial y el FMI tomaron la delantera asumiendo el papel internacional económico en el Medio Oriente y África del Norte. No obstante, los críticos advierten de los peligros de bloquear los gobiernos de transición con préstamos a largo plazo con condiciones económicas que pueden perpetuar el modelo de desarrollo defectuoso que contribuyó a la crisis el primer lugar.

A comienzos de junio de 2011, el FMI anunció un préstamo de US$3 mil millones para apoyar el programa económico de Egipto para 2011-12, que el mismo FMI alabó como "un primer paso para sentar las bases de un crecimiento económico liderado por un sector privado más inclusivo." El préstamo aún no ha sido oficialmente aprobado por la junta del FMI y las condiciones adjuntas aún se desconocen. Una semana antes, en una cumbre en Francia a finales de mayo, el G8 anunció que los bancos multilaterales de desarrollo, incluido el Banco Mundial, proveerían más de US$20 mil millones entre 2011 y 2013 para Túnez y Egipto. Unos días antes de la cumbre el Banco ya había anunciado hasta US$6 mil millones en préstamos para los dos países, aunque no estaba claro si el dinero era parte de la promesa del G8. Esto siguió el lanzamiento en abril de un fondo de infraestructura de US$1 mil millones para la región árabe – con especial atención a los proyectos regionales y las alianzas público-privadas – fondo respaldado por el Banco y su brazo del sector privado, la Corporación Financiera Internacional (CFI), junto con el Banco Islámico de Desarrollo.

El Dr. Adam Hanieh, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, afirmó que “el punto más importante a destacar en los paquetes de la ayuda prometida a Egipto es que de ninguna manera representan una ruptura… de las estrategias económicas anteriores para la región." Más de la mitad de la ayuda del Banco para la región es para el desarrollo del sector financiero y privado, de acuerdo con la agencia de noticias alemana, Deutsche Welle, mientras que las cifras de la ONG estadounidense Centro de Información del Banco (BIC – Bank Information Center) muestran que en promedio, sólo el 6,5 por ciento del financiamiento total del Banco en los últimos cuatro años ha sido dedicado a la educación, la salud y otros servicios sociales.

Un artículo de Angelina Jarrouj de BIC, señala que muchos expertos sostienen que los programas de privatización y los enfoques basados ​​en el mercado impulsados por el Banco y el FMI en la región en la década de 1990, llevaron a los despidos masivos de trabajadores públicos, a un papel reducido de los sindicatos y a la concentración de la riqueza. Esto contribuyó directamente al aumento del desempleo, la pobreza, la desigualdad y la corrupción, todo lo cual provocó la crisis actual.

Noha El Shoky, un académico y profesional del desarrollo de Egipto, agregó diciendo que el enfoque del Banco en el desarrollo del sector privado y su impulso para las políticas agresivas del mercado abierto fueron perjudiciales para los pequeños empresarios egipcios. Por otra parte, los programas públicos financiados por el Banco permitieron que el gobierno inflara las cifras de nuevas oportunidades de trabajo, cuando en realidad solo fueron creados empleos temporales intensivos. Continúa diciendo, “El trabajo de desarrollo implementado a través de los mercados de financiamiento del Banco distorsionó los mercados y permitió que el gobierno inflara el progreso en forma falsa y superficial."

Esto llevó finalmente al desempleo oculto y al deterioro de las normas socioeconómicas y no a los proclamados logros de desarrollo social. Para El Shoky, "los préstamos del FMI y del Banco promoviendo el neoliberalismo permitieron la concentración del poder político y económico en manos de unos pocos, quienes sistemáticamente marginaron, oprimieron y torturaron a los egipcios hasta que estos se rebelaron."

En un reconocimiento tácito de las negligencias pasadas del Banco en la región, el presidente del Banco, Robert Zoellick, dio un discurso a principios de abril admitiendo que "Éste puede ser el momento para invertir en el sector privado, sin fines de lucro de la sociedad civil." Sin embargo, en lugar de examinar las críticas a la forma en que el Banco pudo haber minado las oportunidades para la participación pública en la política económica en la región, más bien se centró en ampliar el papel del Banco. Su enfoque fue examinar "si el Banco necesitaba nuevas capacidades o instalaciones que pudieran aprovechar el apoyo de los países, fundaciones y otros, para fortalecer la capacidad de [organizaciones de la sociedad civil] que trabajan en la rendición de cuentas y la transparencia en la prestación de servicios."

Otra preocupación con respecto a los nuevos préstamos del Banco y el FMI son las deudas voluminosas a los países extranjeros: Egipto tiene una deuda externa total de US$30 mil millones, mientras que Túnez debe US$15 mil millones. La ONG británica Jubilee Debt Campaign pidió la cancelación incondicional de todas las deudas de Egipto y Túnez consideradas injustas y contraídas por sus ex gobernantes.