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¿Acaso cuarenta años no son suficientes?

En busca de un nuevo sistema monetario internacional

28 September 2011

En el 40avo aniversario de la falla de Estados Unidos para responder a su obligación de convertibilidad del oro, la pérdida de confianza en el dólar ha respaldado las llamadas a la reforma del sistema monetario internacional. Se acusa al FMI de ignorar las desigualdades en el corazón del sistema, mientras que la búsqueda de acuerdos alternativos regionales por parte de los países en desarrollo sigue aumentando.

La degradación de la calificación crediticia del gobierno de Estados Unidos por Standards & Poor a comienzos de agosto de 2011, produjo gran inquietud sobre la estabilidad de la economía global y la credibilidad de un sistema mundial de reservas basado en el dólar. En respuesta, la agencia oficial de noticias china Xinhua pidió "la supervisión internacional sobre el tema de dólares de Estados Unidos y la introducción de una "nueva moneda de reserva, estable y segura a nivel mundial como una opción para evitar una catástrofe causada por un solo país" (ver Boletines 75, 66).

Trevor Evans, de la Facultad de Economía y Derecho de Berlín, dijo en junio de 2011, que debido a la crisis del euro la reforma era todavía más urgente (ver Boletín 77). Debido a los grandes desequilibrios de la eurozona, los países europeos deben "dar su pleno apoyo a las propuestas para avanzar hacia un nuevo sistema monetario internacional, basado en una moneda de reserva verdaderamente internacional y en la que los flujos privados de capital financiero sean estrictamente controlados."

Una clara evidencia de la actual volatilidad de los mercados financieros y del debilitamiento del dólar y el euro es la fuerte apreciación de las monedas nacionales de Suiza, Canadá y Australia. Esto llevó a principios de septiembre a un movimiento inusual del gobierno suizo de colocar el franco suizo en paridad con el euro, causando una devaluación de casi el 10 por ciento lo cual produjo advertencias sobre la posibilidad de una segunda ronda de la ‘guerra de divisas "(ver Boletín 73).

A mediados de agosto de 2011, Barry Eichengreen, de la Universidad de California, que hasta el año pasado estaba abogando por un sistema basado en el dólar y el euro, ahora dice que llegó el momento de encontrar alternativas a estas dos divisas. Él aboga por la creación de un "bono global vinculado con el PIB, cuyos rendimientos variarían según las tasas del crecimiento global." Este sistema "permitiría a los bancos centrales mantener instrumentos que se comporten como una cartera ampliamente diversificada de la equidad global."

Heiner Flassbeck de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (CNUCYD o UNCTAD en inglés) afirmó en septiembre de 2011, que "en el caos monetario actual no se puede tener un comercio que mejore el bienestar de las naciones." Para hacer frente a la especulación monetaria y a los desequilibrios, él sostiene que es necesario fortalecer la cooperación internacional y crear un sistema de tipo de cambio "basado en la gestión de normas flotantes." Como se explica en el Informe de Comercio y Desarrollo 2011 de la UNCTAD, a través de este sistema el objetivo de los países sería mantener tipos de cambio estables y reales mediante el ajuste del tipo de cambio nominal bien con la inflación o con los diferenciales de la tasa del interés. Aunque el sistema puede ser utilizado en forma unilateral, bilateral o como parte de la cooperación monetaria regional, el "beneficio mayor para la estabilidad financiera internacional se produciría cuando las reglas para la flotación gestionada fueran aplicadas a nivel multilateral, como parte de la gestión del sistema financiero global" (ver Boletines 72, 70).

Fondo en negación de las desigualdades

Incluso la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, comentó a finales de julio de 2011, que la demora del gobierno de Estados Unidos para llegar a un acuerdo sobre el límite de la deuda nacional produjo "dudas en la mente de las personas que tienen reservas sobre si el dólar es en realidad la moneda primaria y principal de reserva." A pesar del reconocimiento de Lagarde, el reciente trabajo del FMI hace propuestas muy modestas. Un documento de política del FMI publicado a principios de abril de 2011, titulado Fortaleciendo el Sistema Monetario Internacional: Haciendo el Balance y Mirando Hacia el Futuro, trata los problemas del sistema actual y presenta un conjunto de propuestas de reforma. El documento va mas allá de las evaluaciones anteriores del FMI sobre el papel de los activos de reserva del FMI (especialmente los DEGs (Derechos Especiales de Giro, o SDRs – Special Drawing Rights) [ver Boletín 74], argumentando que "la ampliación del stock de DEGs a través de asignaciones regulares podría satisfacer algunas de las necesidades de reservas preventivas” y que el fomento de su uso como unidad de cuenta para los precios del comercio mundial… podría mitigar el impacto de la volatilidad del tipo de cambio."

Stephany Griffith-Jones, de la Universidad de Columbia, señala que "al no tomar una posición clara o presionar por una reforma estructural, el Fondo está facilitando la solución de la inercia, es decir, un sistema de múltiples monedas con tipos de cambio flexibles, lo cual no resuelve los principales problemas del sistema y además será dañino especialmente para las posibilidades de desarrollo de los países en desarrollo." En una conferencia de diciembre de 2010, el ex sub-secretario general de Asuntos Económicos de Naciones Unidas, José Antonio Ocampo, dio importancia central a las desigualdades inherentes del sistema actual. Estas desigualdades "son generadas por la necesidad que los países en desarrollo enfrentan acumulando reservas de divisas extranjeras para gestionar los fuertes vaivenes procíclicos de los flujos de capital, que no son más que transferencias de recursos a los países emisores de reservas." Griffith-Jones afirma que "el FMI continúa ignorando esas desigualdades lo cual demuestra su ceguera al no tener en cuenta las perspectivas de los países en desarrollo."

Alternativas al FMI: Los países en desarrollo fortalecer los acuerdos regionales

Como no hay progreso en la reforma del sistema monetario en los foros internacionales como el FMI, el cambio está sucediendo principalmente a nivel regional y bilateral (ver Boletín 66). Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica tomaron acciones concretas mediante la firma de un acuerdo en abril de 2011, por medio del cual sus bancos de desarrollo se darán crédito mutuamente, en sus propias monedas en lugar de usar dólares.

América del Sur está tomando un camino más rápido con el desarrollo de su propia unidad de moneda, el sucre (ver Boletines 68, 65, 63). Un informe de la UNCTAD sobre la cooperación monetaria regional en América Latina, publicado en mayo de 2011, afirma que el sucre pueden proporcionar "cierto grado de protección contra los choques externos… fomentar la expansión del comercio y desvincular sus monedas del dólar." Además según Rodolfo Bejarano, en un artículo publicado por Latindadd en agosto de 2011 (una red de ONGs de América Latina), una evaluación inicial del sucre muestra un mayor ahorro por no utilizar el dólar, y un aumento en los flujos de comercio entre los países que ya forman parte del acuerdo.

En mayo de 2011, Eric Helleiner de la Universidad de Waterloo, sostuvo que mediante la acumulación de reservas los gobiernos asiáticos “están buscando proteger la autonomía de sus países" en relación con el FMI, cuyo papel en la crisis fue considerado en la región como un exceso de intromisión, contraproducente y excesivamente influenciada por los objetivos de Estados Unidos (ver Boletín 70 70). Un estudio de mayo de 2011, de Graham Bird y Alex Mandilaras, descubre que "en la medida en que los programas del FMI inducen a los países a acumular "excesivas" reservas, estos son incompatibles con uno de los objetivos fundamentales del Fondo de reunir reservas internacionales."

En la reunión de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), celebrada a mediados de agosto de 2011, los ministros de finanzas suramericanos acordaron ampliar la participación en el actual Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) para crear un mancomunado regional de reservas por el valor de US$ 20 mil millones. Esto ayudará a los miembros en el caso de que se profundice la crisis económica mundial. Se propuso esta alternativa al FMI junto con una mayor expansión de los precios de comercio en monedas locales en lugar de dólares, además de la creación de un banco de desarrollo regional, el Banco del Sur. En septiembre de 2011, Argentina se convirtió en el cuarto país en aprobar formalmente los artículos del acuerdo del Banco del Sur.

En marzo de 2011, los académicos Raj Desai y James Vreeland de la Universidad de Georgetown, hicieron hincapié sobre lo siguiente: "La gobernanza económica de base regional puede ser más eficaz en términos de representación, coordinación y gestión de crisis que el sistema actual dominado por las instituciones de Bretton Woods.” Los autores hacen una llamada a "los líderes de las instituciones de gobernanza mundial" para que "refuercen en vez de prevenir la viabilidad de las instituciones de gobierno regional." Ocampo también concluye diciendo que "los vínculos entre el FMI y los acuerdos regionales deben estar sujetos, por lo tanto, a diseños flexibles" y que el FMI debería "hacer un uso más activo de las instituciones regionales" y "apoyar su creación en otras partes del mundo en desarrollo."