Medio ambiente

Análisis

¿Es la fijación de precios de carbono por el Banco Mundial una solución real al cambio climático?

16 February 2015 | Traducción: Maria Eugenia Arzayús

Credit: Hemanth Withanage FoE Sri Lanka

El Banco Mundial continúa promoviendo la fijación de los precios del carbono  como una política clave para enfrentar el cambio climático. Coincidiendo con la cima de la ONU sobre el clima en septiembre de 2014, el Banco lideró la coordinación de una declaración no obligatoria sobre la fijación de precios de carbono firmada por 74 países, 23 jurisdicciones subnacionales y más de 1.000 empresas. Según el Banco Mundial esto cubre alrededor de la mitad de las emisiones globales del gas invernadero en el mundo.

Durante la más reciente ronda de conversaciones del cambio climático de la ONU llevada a cabo en Lima, Perú, en diciembre de 2014, el Banco continuó el trabajo pidiendo la inclusión de la fijación de precios del carbono en el texto del borrador de las negociaciones. El texto contiene una gama de opciones, donde una de ellas describe la fijación de precios de carbono como una clave para “enfocar la rentabilidad de los recortes de las emisiones globales de gas invernadero”. Uno de los objetivos clave del Banco este año es mantener el texto sobre la fijación de precios del carbono en los acuerdos finales a ser aprobados por los gobiernos del mundo en París, en diciembre de 2015 (ver Observador Primavera 2014).

Definición para la ‘fijación de los precios del carbono’

El sitio web del Banco explica que hay dos tipos principales para la fijación de precios de carbono. Primero están los sistemas de tope y trueque (cap-and-trade) que dan un tope al “nivel total de emisiones de gas invernadero, pero que luego permiten a las industrias con emisiones bajas vender sus concesiones extra a emisores más grandes”. En la medida en que las empresas compran y venden concesiones entre ellas se crea un plan de comercio (ETS – emissions trading scheme), el cual “establece un precio de mercado para las emisiones de gas invernadero”. En segundo lugar, un impuesto de carbono “pone directamente un precio en el carbono al definir una tasa de impuesto sobre las emisiones de gas invernadero”. El Banco indica que hay otras maneras de fijar precios al carbono incluyendo los impuestos al combustible, remover las subvenciones a los hidrocarburos y hacer pagos basados en la reducción de las emisiones (compensaciones de carbono  – carbon offsets). El Banco afirma que dar un precio al carbono no es algo nuevo y que ya está sucediendo en unos 40 países.

Sin embargo, hay un debate acerca de si los mercados de carbono o los impuestos de carbón son más efectivos para reducir las emisiones ya que operan de forma distinta (aunque algunos dicen que no son necesariamente mutuamente exclusivos). Esto se centra en cuáles serán las empresas o industrias que tendrán que reducir su contaminación, y también en el impacto estimado que la política tendrá en la reducción de las emisiones agregadas. Bajo un sistema de tope y trueque, se aplica un tope máximo, mientras que con los impuestos de carbono sólo hay certeza sobre los costos de la contaminación, o sea que puede no haber suficiente reducción de emisiones.

¿Ambiguedad deliberada?

La comunicación del Banco sobre los precios de carbono es cada vez más ambigua ya que menciona una gran variedad de políticas bajo una sola bandera. En un discurso antes de la cumbre del clima en Lima, el presidente del Banco Jim Yong Kim, dijo “los precios eficaces del carbono pueden ser descubiertos a través del uso de impuestos, o de mecanismos y regulaciones de mercadotecnia”.

En la práctica, el Banco ha puesto mucho más énfasis en los mercados de carbono y esto no es una sorpresa dado el largo historial del Banco en apoyo de los nacientes mercados de carbono (ver Observador Primavera 2014). Sin embargo, el Banco en sus comunicaciones sobre la asignación de precios, ahora menciona cada vez más los impuestos al carbono. En su discurso antes de la cima del clima en Lima, Kim mencionó repetidas veces los impuestos al carbono, diciendo que “la fijación de precios puede conseguir rentas y, estos recursos agregados pueden ser utilizados para generar más beneficios económicos y prestaciones sociales. Podemos hacer esto, por ejemplo, cambiando ‘los impuestos de los bienes’ a ‘los impuestos de lo malo'” (la contaminación).

Pablo Solón de la ONG Enfoque en el Sur Global, con sede en Tailandia, argumentó en un artículo en septiembre de 2014, que el Banco estaba tratando deliberadamente de oscurecer el significado de la asignación de precios al carbono al “promover los mercados de carbono en una forma nueva y astuta combinando el veneno con los dulces”. Él criticó los mercados de carbono porque en vez de exigir una reducción de la contaminación “dan a quienes emiten la contaminación permiso para contaminar”.

Diversos  grupos de la sociedad civil incluyendo a Veedores del Comercio de Carbono (Carbon Trade Watch) han criticado repetidas veces los mercados de carbono porque estos no reducen las emisiones en su fuente, y además permiten a los países y las compañías que han producido el cambio climático transferir su responsabilidad histórica a otros (ver Observador Primavera 2014 y Boletín 85). Durante la cima sobre el cambio climático en Lima, una declaración de la sociedad civil afirmó que las negociaciones habían dejado la posibilidad abierta “para la expansión adicional de los experimentos fallidos de los mercados de carbono”. Estos incluyen los “créditos potenciales del carbono de los bosques y la tierra, los cuales socavarían los derechos a la tierra de las comunidades y serían desastrosos para los pequeños agricultores y las comunidades de los bosques a través del mundo”.