Servicios sociales

Análisis

La función del FMI en el brote de Ébola

Las consecuencias a largo plazo del ajuste estructural

16 February 2015 | Traducción: por Maria Eugenia Arzayús

A comienzos del 2015 el mundo tuvo una lección aleccionadora. No sólo el número de casos de Ébola superó los 20.000, sino que en algunos de los países afectados, en particular en Sierra Leona, el virus se sigue propagando. El número de muertos ya pasó de 8.000 y las respuestas habituales de cómo este brote se difundió tan rápidamente – la pobreza, la mala gestión pública, las prácticas culturales, las enfermedades endémicas en Guinea, Sierra Leona y Liberia – están llevando a una reflexión más profunda sobre la deficiente respuesta de la salud pública. Los críticos están resaltando las causas estructurales de las deficiencias de los sistemas de salud y cada vez más, ponen de manifiesto que las políticas internacionales de crédito y, en especial, las personas que trabajan para el FMI, son parcialmente responsables.

El FMI ha estado trabajando en África occidental durante muchos años; el primer préstamo del FMI a Liberia fue en 1963. A lo largo de casi todo este tiempo, los activistas de la salud han venido señalado los efectos negativos de las condiciones que el FMI ha añadido a sus préstamos, más conocidas como “condicionalidades”, las cuales muy a menudo han restringido la inversión en los servicios de salud del sector público. El FMI tenía programas en estos tres países cuando comenzó la crisis desatada por el virus de Ébola. Como se comentó en la revista médica, The Lancet, en un artículo de diciembre de 2014, el FMI ha venido trabajando en Guinea y Sierra Leona durante casi dos décadas y en Liberia durante siete años. Los países han tenido que dar prioridad  al pago de la deuda y de los intereses de la misma, en vez de invertir en los fondos sociales y en los servicios de salud críticos, debido a las condiciones impuestas por el FMI. Países como Guinea, Sierra Leona y Liberia tuvieron que limitar no sólo el número de trabajadores de la salud que podían contratar (Liberia sólo tenía 60 médicos antes del brote de Ébola y Sierra Leona sólo tenía 136), sino que también tuvieron que mantener los salarios a un nivel lamentable para satisfacer las amplias directrices de política del FMI.

El comentario de la revista The Lancet también señala que en Sierra Leona, las políticas del FMI exigieron explícitamente la reducción del empleo en el sector público. Entre 1995 y 1996, el FMI exigió la reducción del 28 por ciento de los empleos públicos. La Organización Mundial de la Salud informó de una reducción de los trabajadores sanitarios de la comunidad de 0,11 por cada 1.000 habitantes en 2004, a 0,02 en 2008. El límite del gasto salarial continuó en la década de los 2000. Los autores del artículo en The Lancet afirman, “Para 2004, [Sierra Leona] gastó 1,2 por ciento menos del PIB en los salarios de la administración pública que el promedio de ese gasto en el resto del Sub-Sahara africano”.

El problema fue que el FMI exigió recortes en los sistemas públicos que hubieran podido haber respondido a la crisis de la salud antes de que ésta se extendiera por todo el país. Cuando los países sacrifican las asignaciones presupuestarias para cumplir con las recetas decretadas por el FMI, lo hacen a expensas del gasto social. Sin dinero para financiar la infraestructura básica, los servicios de salud se desmoronan, a veces carecen de agua o electricidad, y son por lo tanto, totalmente incapaces de enfrentar situaciones de emergencia complejas. Pocos trabajadores de la salud están capacitados en el control de las enfermedades infecciosas y, aquellos que han recibido formación carecen de equipos de protección y materiales en la ausencia de sistemas de abastecimiento funcionales. No es de extrañar, por lo tanto, que cuando una verdadera epidemia grave como el Ébola entró en escena, los países del África Occidental, que habían tenido que doblegarse a las condiciones del FMI durante décadas, no pudieron responder debidamente a esa emergencia.

Hasta el momento una cantidad considerable de dinero ha sido destinada a la lucha contra el Ébola, unos US$1 mil millones, y parte de este dinero viene del mismo FMI. Sin embargo ¿cuánto de ese dinero será destinado a reforzar los sistemas de salud? Todavía no se sabe. En el pasado, las condicionalidades del FMI incluyeron directivas de austeridad según las cuales se debía poner el dinero de la ayuda en las reservas nacionales para emergencias. De hecho, la investigación ha demostrado que un aumento de la financiación para la salud, cuando está bajo la influencia de los programas del FMI, en la realidad reduce los gastos gubernamentales en la salud, porque si los gobiernos invirtieran en la salud estarían violando las condiciones de los préstamos del FMI. Por lo tanto, los US$1 mil millones de ayuda para el Ébola que podrían ayudar a reforzar los mismos sistemas de salud deteriorados por décadas debido a las limitaciones del FMI, se ven restringidos de nuevo, ya que el dinero está siendo desviado para financiar proyectos de ONGs de corto plazo de la ONU.

Hay un creciente coro de voces pidiendo la reforma de las políticas del FMI, pues la lentitud de la respuesta al Ébola ha mostrado cómo están de debilitados los sistemas de salud después de décadas de restricciones a nombre de la reforma económica. A la cabeza de ese grupo están los presidentes de los países afectados. En una rueda de prensa en octubre de 2014 con el FMI, el Banco Mundial y los presidentes de Guinea, Sierra Leona y Liberia, el presidente de Guinea, Alpha Condé comentó, “estoy muy contento de que la directora gerente del FMI diga que necesitamos ayuda y que podemos aumentar nuestro déficit, lo cual es un gran cambio, distinto al discurso habitual.”

El FMI está siendo presionado por todos lados para que disminuya las restricciones en los gastos con déficit, así como para que perdone miles de millones de dólares de la deuda y de los pagos del servicio de la misma que puedan ser destinados a suministros, para la financiación de los servicios de salud y para la contratación de los trabajadores de la salud tan desesperadamente necesitados, para que puedan responder a la creciente demanda de pacientes y así salvar vidas. Hasta el G20 publicó una declaración en noviembre de 2014 instando al FMI a que “aliviara las presiones en Guinea, Sierra Leona y Liberia, a través de una combinación de préstamos con condiciones favorables, del alivio de la deuda y de subvenciones”. Estados Unidos, el mayor accionista del FMI, también está presionando para perdonar un 20 por ciento de la deuda total de los tres países.

Si estas medidas se hubieran tomado hace una década, si se hubieran invertido los recursos en los sistemas de salud del sector público, es probable que el brote de Ébola hubiera sido rápidamente contenido salvando así miles de vidas. El Congreso de Estados Unidos prometió US$5.4 mil millones en su presupuesto para 2015. US$2.5 mil millones de estos irán directamente a los países africanos en un esfuerzo por combatir el virus y también para evitar así que el virus se propague en su país.

Todo eso es un buen comienzo, pero también debemos aprender la verdadera lección de la crisis desatada por el virus del Ébola para evitar la próxima crisis de salud pública en África. No más condiciones impuestas por el FMI, la deuda deber ser cancelada y los sistemas de salud construidos y fortificados, sin condiciones.


Julia Robinson y James Pfeiffer,  Alianza Internacional para la Salud (Health Alliance International)