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¿Coqueteando con el desastre? Se cuestiona el impulso del Banco Mundial por el seguro climático

13 November 2017 | Translated by: Gustavo Alzugaray

A few palm trees remain standing amid the destruction caused by Typhoon Haiyan in 2013 in the city of Tacloban, Philippines. Credit: Henry Donati/Department for International Development

En agosto el Banco Mundial anunció un nuevo programa de seguros soberanos contra riesgo de desastre en Filipinas que ofrece USD 206 millones de cobertura total para activos del gobierno federal en casos de terremotos y tifones, así como seguros para 25 gobiernos provinciales. El Banco señala que “Bajo este nuevo programa, el estatal Sistema de Seguros de Servicios del Gobierno (GSIS, por su sigla en inglés) ofrecerá seguros contra riesgos de catástrofe al gobierno central y a las provincias participantes”. Como intermediario, el Banco actuará “para transferir el riesgo del GSIS a un panel de aseguradoras internacionales”. Filipinas sufre un daño anual estimado de USD 3.500 millones por tifones y terremotos. El Banco asegura que el nuevo programa es “la última línea de defensa contra desastres naturales graves y complementa otras fuentes de recursos”. Los pagos bajo el esquema se basan en desencadenantes paramétricos. Una portavoz del Banco Mundial señaló en un correo electrónico a Bretton Woods Project: “Debido a que depende de factores desencadenantes paramétricos, el pago estimado según el modelo de riesgo de catástrofe puede no coincidir perfectamente con el daño real”, y agregó que el costo de la prima para Filipinas fue USD 19,5 millones para el programa de un año, que comenzó el 28 de julio.

El programa es un ejemplo de la promoción de seguros climáticos del Banco durante la década pasada, como parte de un enfoque más amplio centrado en utilizar los seguros privados y los mercados inversores para aumentar el financiamiento de riesgos de desastre ‘pre-acordados’. El Banco ofrece asistencia técnica al Fondo de seguros contra riesgos de catástrofe para el Caribe (CCRIF, por su sigla en inglés) y al Financiamiento de Riesgos de Catástrofes en el Pacífico (PCRAFI, por su sigla en inglés) – que son grupos de planes de seguros que ofrecen cobertura de activos estatales en las islas de ambas regiones. En julio el Banco anunció un Centro para la Protección Mundial contra los Riesgos de Desastre con cede en el Reino Unido, que “brindará asesoramiento neutral y diseñará herramientas financieras – incluyendo seguros – nuevas e innovadoras que … ofrezcan los mejores beneficios a los más pobres cuando golpea el desastre”.

Seguro climático: ¿una política justa?

“...las personas y las naciones pobres, los menos responsables del cambio climático, están pagando la gran mayor parte de las primas”.Jonathan Reeves, ActionAid International

En una blog de ActionAid International de mayo de 2016, Jonathan Reeves alertó sobre los esquemas de seguros climáticos y contra desastres, argumentando que “no podemos asegurar nuestra salida del problema del cambio climático”, ya que muchos riesgos son inasegurables, en especial para los más vulnerables. Reeves señaló que aunque al seguro se lo presenta como parte de un esfuerzo mayor por mejorar la reducción del riesgo de desastre en los países en desarrollo, “la implementación de las partes más críticas del enfoque global para la reducción del riesgo se arrastran con la velocidad de un caracol, mientras que el tren de seguros avanza a todo vapor”.

Esto lleva a temer que los seguros climáticos están siendo ‘sobrevendidos’. En 2010, por ejemplo, el Grupo de Evaluación Independiente (GEI) del Banco descubrió que la subvención del Banco a Haití que le permitió unirse al CCRIF había sido “impulsada por la oferta en el sentido de que la solución del seguro era la modalidad en oferta cuando [parecía más apropiado] … un enfoque más amplio basado en la demanda”. Un informe de Christian Aid de 2010 agregó que “el CCRIF no parece contribuir con una mejor planificación del riesgo de desastre y en las comunidades es visto … como una posible distracción de la reducción del riesgo, ya que desvía recursos hacia mecanismos de largo plazo”.

En última instancia, estos esquemas plantean dudas sobre quién debería pagar la factura por el cambio climático. Como señaló el blog de Reeves: “El cambio climático está aumentando la demanda y el costo del seguro. Sin embargo, las personas y las naciones pobres, los menos responsables del cambio climático, están pagando la gran mayor parte de las primas”.