Finanzas

Análisis

El FMI en Argentina: ¿Puede un perro viejo aprender nuevos trucos?

22 January 2019 | Traducción: Gustavo Alzugaray

March against the IMF in Buenos Aires, on the occasion of May 25. "We will not call the fmi again" -macri Nov 2015 let's change is a scam

En septiembre el FMI aumentó el préstamo original de USD 50.000 millones a Argentina acordado en junio, lo que llevó al programa total a una suma sin precedentes de USD 57.100 millones durante tres años. El programa se acordó para hacer frente a la crisis financiera de Argentina, cuya causa subyacente fue una rápida acumulación de deuda pública y externa, acelerada por una abrupta desregulación financiera por parte del gobierno de Mauricio Macri (véase el Observador de Verano de 2018).

Recetas sobre políticas del FMI: ¿es peor la cura que la enfermedad?

A través de su programa, el FMI (que de acuerdo al exgobernador del Banco Central de Argentina Alejandro Vanoli, tiene el “control total de la política económica”) receta una conocida combinación de políticas con el objetivo de eliminar el déficit fiscal primario para 2019. Para lograrlo, el programa de préstamos acordado con el  FMI incluye “un aumento de los impuestos a las exportaciones [de cereales], la reducción de los subsidios a la energía, la contención de los gastos de capital [que] serán compensados por proyectos de Asociaciones Públicas Privadas, la limitación de las exenciones [impositivas] para cooperativas y organizaciones mutuales, una reducción de las transferencias discrecionales a las provincias” y “una congelación en las nuevas contrataciones de empleados públicos”.

Extrañamente similar a los probados y fracasados ​​programas en Grecia y en Argentina en 2001, pero ahora con una cantidad de dinero mucho mayor en juego, el nuevo programa refleja una vez más la teoría económica defectuosa que afirma que no hay alternativa a la austeridad como respuesta a la recesión económica y promete restaurar la confianza de los mercados en Argentina (véase el Observador de Otoño de 2018 y el Update 79). De hecho, es más probable que la receta de contracción fiscal y monetaria concurrente para una economía basada en el consumo en recesión con un desempleo relativamente alto sea procíclica y que “profundice y extienda la recesión en Argentina”, según Frances Coppola, de la revista de negocios Forbes. Quizás reflejando la falta de confianza en la capacidad del FMI para evitar que esto suceda, el peso argentino perdió el 20% de su valor en dos días, en agosto, después de que Macri anunciara que estaba tratando de renegociar el préstamo del FMI. En respuesta, la profesora Daniela Gabor, de la Universidad de West England Bristol, comentó en Twitter, “esa ‘sensación #IMF’ de cuando su alumno estrella hace todo lo que se le pidió pero le está yendo peor que a Turquía”.

Estas condiciones ponen toda la carga de los ajustes sobre los hombros de la población argentina, que sufrirá los impactos de los recortes. Gino Brunswijck, Eurodad

La experiencia pasada de Argentina demuestra que este enfoque no ha funcionado ─ y es probable que empeore las cosas en el corto plazo. Estimaciones independientes sugieren que “se requerirá de al menos USD 40.000 millones en los próximos 14 meses” solo para mantener a Argentina solvente, con la previsión de que se necesitarán otros USD 48.000 millones en 2019 (y algunos todavía consideran este cálculo optimista). En su primera revisión del programa de préstamos en octubre, el FMI evaluó la deuda de Argentina como sostenible, “pero no con una alta probabilidad”, reconociendo al parecer la posibilidad de que sus supuestos iniciales no se mantengan como verdaderos y que Argentina vuelva a ser insolvente. Esto plantea la pregunta de por qué el FMI no está siguiendo su propio consejo de 2017 sobre la necesidad de respaldar las evaluaciones de sostenibilidad de la deuda con “suposiciones realistas en lugar de heroicas”, donde “no es factible que el problema se resuelva a través de un ajuste extra del cinturón” y, en cambio, se recurra a la reestructuración de una deuda sostenible, tal como lo sugieren organizaciones de la sociedad civil como Eurodad, con sede en Bélgica.

El peso de las condicionalidades del préstamo del FMI

Sin exigir una reestructuración por adelantado de la deuda actual de Argentina a los acreedores privados, el programa continuará “poniendo toda la carga de los ajustes sobre los hombros de la población argentina”, según un blog de octubre de Eurodad, en particular sobre los más pobres y vulnerables. Como el programa se llevó adelante en el contexto de un aumento del costo de vida de 54% durante los últimos dos años, despidos públicos masivos, una disminución del 12% en los salarios promedio, la cuadruplicación de las tarifas de gas y un aumento de seis veces en la electricidad, no sorprende que solo tres meses después de su introducción los ministros regionales declararan el estado de emergencia alimentaria al tiempo que, en octubre, se informó que la pobreza se estaba propagando “como un incendio forestal”.

En respuesta a las inquietudes planteadas en Argentina, en una entrevista realizada en octubre, la Directora Gerente del FMI, Christine Lagarde, destacó el piso mínimo de gastos de protección social del programa como una salvaguardia para los más pobres y vulnerables y expresó su esperanza de imponer una nueva “válvula de seguridad” que permita aumentos del gasto social, “si la situación mejora”. Habiendo calculado que el suelo de gasto social en el programa actual ascendía a USD 6 por cada uno de los 13 millones de pobres de Argentina en los últimos seis meses de 2018, los grupos de la sociedad civil argentina describieron estas salvaguardias como “una burla”. Esto refleja una crítica más amplia de la sociedad civil debido a las insuficiencias del enfoque del Fondo sobre los suelos de protección social, que pueden excluir a un gran número de personas pobres, tal como se destacó recientemente, mientras el Fondo diseña su nuevo ‘marco estratégico sobre gasto social’ (véase el Observador de Verano 2018 y el de Primavera de 2018).

Como resultado predecible de estas opciones de política, el país se ha visto paralizado por huelgas generales masivas y movilizaciones históricas bajo la bandera, “no al FMI, no al ajuste”. A pesar de la supuesta necesidad urgente de apretarse más el cinturón, según el periódico nacional Buenos Aires Times, antes de la Cumbre del G20 de diciembre, Argentina igual encontró los recursos para invertir “ARS 100 millones (unos USD 2,7 millones) en la compra de … 180 escopetas, 15 millones de balas de goma, 2.000 proyectiles de gas lacrimógeno y chalecos de policía”, para la ocasión (véase el Observador de Invierno de 2018).

Sin embargo, el FMI elige continuar aplicando su viejo modelo fracasado en Argentina, insistiendo en un conocido programa de ajuste, mientras que muchos economistas, grupos de la sociedad civil, sindicatos y las Naciones Unidas continúan ofreciendo soluciones alternativas. Un ejemplo es el establecimiento de un mecanismo internacional de resolución de deudas, otro es el uso de evaluaciones de impacto sobre los derechos humanos (tal como recomendó a Argentina, en octubre, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU) para guiar los programas de reforma macroeconómica. La pregunta es si el FMI es capaz de cambiar de rumbo.