Derechos

Comentario

Las Reuniones Anuales del Banco Mundial y el FMI afectadas por la represión de la Conferencia de la Acción Global de los Pueblos

22 January 2019 | Comentario | Traducción: Gustavo Alzugaray

PGC participants protest in official IMF and World Bank Annual Meetings space - Credit: Carlo Manalansan

A través de décadas de acción colectiva, la sociedad civil ha logrado avances en hacer que los gobiernos, los organismos donantes y las plataformas multilaterales se comprometan a otorgar un espacio para que las organizaciones de la sociedad civil (OSC) articulen las perspectivas y demandas de sus representados en los diálogos sobre políticas. Los organismos de las Naciones Unidas, los foros mundiales y regionales, las instituciones financieras internacionales y los bancos multilaterales de desarrollo han introducido varios “mecanismos de participación de las OSC” para demostrar su transparencia, responsabilidad y eficacia.

Sin embargo, tales gestos se han visto ensombrecidos por el aumento de movimientos y  organizaciones, como lo demostró recientemente la represión de la disidencia durante las Reuniones Anuales de 2018 del FMI y el Banco Mundial, que tuvieron lugar en Bali, Indonesia, en octubre. Mientras la alfombra roja se extendía para los funcionarios estatales de alto rango y los grandes intereses comerciales en Nusa Dua, los movimientos sociales y las OSC fueron objeto de violaciones flagrantes de sus derechos a la libre expresión y reunión por parte del gobierno de Indonesia por intentar participar en eventos paralelos organizados de forma independiente.

Enfrentamiento en Bali

Fuera de los espacios del Banco y del Fondo, la represión patrocinada por el gobierno cayó sobre la Conferencia de la Acción Global de los Pueblos (AGP) contra el FMI y el Banco Mundial, una iniciativa independiente de 34 movimientos sociales indonesios e internacionales y organizaciones no gubernamentales. La AGP representaba a las comunidades y sectores de base que han sido excluidos del proceso de desarrollo en sus respectivos países y cuyos derechos han sido violados por las políticas y los programas del FMI y el Banco Mundial (véase el Observador de Otoño de 2017 y el de Otoño de 2018).

Hacemos un llamamiento a los movimientos populares en todas partes para forjar solidaridad, rechazar los ataques a los derechos humanos fundamentales y forjar sus propios espacios democráticos de participación y resistencia frente a la adversidad y la represión

Una semana antes de que comenzara la AGP, la Inteligencia de Bali negó a los organizadores locales el permiso para la conferencia programada en Radio Republik Indonesia. Los hoteles comunicaron a los organizadores que la policía les había dado instrucciones de negar el servicio a la AGP. Desde números anónimos se envió una serie de mensajes de texto acusando a la AGP de ser “contraria al desarrollo” y amenazando la vida y la seguridad de los coordinadores. Se vieron carteles falsos en los alrededores de Bali que vinculaban a la AGP con organizaciones radicales islámicas prohibidas, como Hizb ut-Tahrir, para justificar la escalada de violencia contra la conferencia y sus organizadores.

Mientras tanto, la policía nacional insistía en un nuevo conjunto de requisitos ridículos, como copias de los pasaportes y los itinerarios de los delegados internacionales de la AGP, así como detalles del programa de la conferencia. Este acoso pronto se transformó en violencia física contra los miembros de la AGP integrantes de la organización. En la madrugada del 11 de octubre una milicia local atacó la oficina de asistencia jurídica de Bali en Denpasar y expulsó a los jóvenes voluntarios de la AGP que se encontraban allí. También se vio personal de inteligencia alrededor de los hoteles donde se alojaban los delegados de la AGP, tomando fotos y videos sin consentimiento.

Una victoria para los resilientes movimientos populares

Si bien el gobierno indonesio logró interrumpir el evento, la conferencia de la AGP obtuvo el reconocimiento como el foro alternativo de la gente a las reuniones oficiales del FMI-GBM. Con buena flexibilidad, creatividad, ingenio rápido y firme determinación política, la AGP rompió el silencio impuesto en Bali.

Grupos de la sociedad civil convocaron una manifestación relámpago en el Centro Internacional de Convenciones de Bali (BICC, por su sigla en inglés), el lugar oficial de las Reuniones Anuales, para denunciar a Indonesia por atacar a la AGP y cerrar las actividades públicas. La manifestación puso de manifiesto la simulación de hospitalidad, apertura, tolerancia y buen gobierno que vendió el gobierno indonesio con la complicidad del FMI y el Banco Mundial.

Al parecer, para evitar la vergüenza, el personal del Banco y el FMI y la policía de Indonesia llevaron rápidamente a los manifestantes a una sala de detención y se ofrecieron a albergar a la AGP, con todos los gastos pagados. Mientras tanto, fuera de la sala de negociaciones, el personal de seguridad con armas que asomaban fuera de sus camisas batik acosó a los manifestantes y les negó la entrada a seis papuanos occidentales que buscaban registrarse en el Foro de Políticas oficial de la sociedad civil. A pesar de estos intentos aparentes de cooptar la independencia del evento, los organizadores de la AGP se mantuvieron firmes y continuaron.

Una vez reagrupados, los organizadores y participantes de la AGP decidieron conjuntamente continuar con las actividades, aunque se redujeron y descentralizaron para evitar un mayor sabotaje policial. Al menos 250 personas asistieron a discusiones, talleres y acciones de solidaridad realizadas en diferentes lugares de Bali. Las declaraciones de la AGP y las acciones masivas fueron ampliamente cubiertas por los medios locales e internacionales. La sociedad civil, los movimientos populares y personas en todo el mundo expresaron su apoyo a la AGP. Hacia el final de la semana, la AGP emitió una declaración en la que llamó a las organizaciones a construir un frente popular fuerte para enfrentar a las instituciones financieras internacionales en todos los ámbitos de lucha.

Otra mancha para la diplomacia de la gobernanza mundial

La infracción de los derechos y las libertades civiles por parte del país anfitrión durante una reunión internacional tiene precedentes. Las prohibiciones completas a las protestas se impusieron durante las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial en Dubai en 2003, así como en las Reuniones Anuales de 2006 en Singapur. El año pasado el gobierno argentino revocó la acreditación de 63 miembros de la sociedad civil unos días antes de las XI Reuniones Ministeriales de la Organización Mundial del Comercio en Buenos Aires. Las acciones extremas emprendidas por el gobierno indonesio llevan a la diplomacia de la gobernanza mundial a un nivel más bajo y refuerzan un precedente preocupante para todas las futuras reuniones internacionales.

Este año se cumple el vigésimo aniversario de la Declaración de la ONU sobre los defensores de los derechos humanos. Irónicamente, el acoso, la criminalización, las desapariciones forzadas y, a veces, los asesinatos de los defensores de primera línea van en aumento. Las instituciones y organizaciones multilaterales reconocen ostensiblemente la importancia de la participación ciudadana y la responsabilidad social en el desarrollo y han prometido promover la inclusión y el empoderamiento de la sociedad civil. Al no evitar las represalias contra los defensores, el FMI y en particular el Banco Mundial en relación con sus proyectos, no solo no han cumplido con sus obligaciones en materia de derechos humanos, sino que además han contribuido mucho a fomentar un clima de intimidación que disuade a las organizaciones de la sociedad civil de cumplir su papel como actores del desarrollo (véase el Observador de Primavera de 2016 y el de Invierno de 2018).

Las Reuniones Anuales de 2021 del FMI y el Banco Mundial serán en Marrakech, Marruecos. A la luz del actual déficit democrático global, la sociedad civil global debe presionar al FMI, al Banco Mundial y al futuro país anfitrión para que cumplan con sus compromisos legales de respetar los derechos de los pueblos a organizarse y movilizarse, incluso a través de conferencias independientes y acciones de protesta, y demostrar concretamente maneras de permitir el ejercicio de tales derechos sin temor a represalias. Hacemos un llamamiento a los movimientos populares en todas partes para forjar solidaridad, rechazar los ataques a los derechos humanos fundamentales y forjar sus propios espacios democráticos de participación y resistencia frente a la adversidad y la represión.


Comentario externo – Ivan Phell Enrile, Asia Pacific Research Network, People Over Profit campaign, Peoples’ Global Conference against IMF-World Bank