Finanzas

Análisis

¿Oportunidad perdida? Enfoque del FMI sobre la canalización de los derechos especiales de giro amenaza con desperdiciar una oportunidad de oro

14 October 2021 | Traducción:Gustavo Alzugaray

El 2 de agosto la junta de gobernadores del FMI aprobó una asignación general de USD 650.000 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) para que fuera “una inyección en el brazo de la economía mundial en un momento de crisis sin precedentes”. Los DEG son un tipo de activo de reserva internacional que se puede intercambiar libremente por divisas fuertes para pagar las importaciones o cualquier otro tipo de gasto público. Tras la decisión de la junta de gobernadores, el 23 de agosto, los países miembros del FMI (con algunas excepciones, como Afganistán) recibieron sus DEG asignados y ahora son libres de utilizarlos como mejor les parezca para responder a la crisis.

Si bien está significativamente por debajo de los USD 3 billones que piden las organizaciones de la sociedad civil (OSC), como la belga Eurodad, la escala de la asignación es significativa. Las asignaciones de DEG ocurren muy raramente –el FMI lo ha hecho sólo cuatro veces en su historia– y la asignación actual representa el 69% de todos los DEG jamás desembolsados. El desembolso, que anteriormente había sido bloqueado por la Administración Trump de Estados Unidos (ver el Dispatch de Primavera de 2020), es uno de los momentos históricos en la historia del FMI y tiene el potencial de servir como un enorme apoyo a los países de ingresos bajo y medio (L/MIC, por su sigla en inglés) para sus respuestas a la pandemia.

Pero la nueva asignación de DEG no es el final de la historia. Más allá de las cuestiones sobre cómo los países podrán utilizar realmente sus DEG en diferentes contextos nacionales (véase el Observador de Otoño de 2021), una cuestión crucial ahora es cómo se pueden canalizar los DEG desde los países ricos –donde no se necesita la nueva asignación y, de hecho, casi con seguridad no se utilizará– a los países que necesitan apoyo económico urgente.

El curso actual establecido en la canalización de DEG es de beneficio relativamente limitado para los países de ingreso bajo y de ingreso medio y, de hecho, incluso podrían empeorar sus perspectivas de endeudamiento o aumentar la probabilidad de que se imponga la austeridad

Debido a las reglas del FMI, los DEG se asignan a los países en función del tamaño relativo de sus economías, no de su necesidad relativa de responder a la crisis, un acuerdo que ha sido criticado por el G24. Esto significa que los países de ingreso alto (HIC, por su sigla en inglés) han recibido casi USD 400.000 millones en DEG, los países de ingreso medio (MIC, por su sigla en inglés) USD 230.000 millones y los países de ingreso bajo (LIC, por su sigla en inglés) solo USD 21.000 millones. Para una asignación cuya motivación, en palabras del FMI, es especialmente “ayudar a nuestros países más vulnerables que luchan por hacer frente al impacto de la crisis del COVID-19”, no es útil tener una gran parte de los DEG inactivos en los balances de las economías de ingreso alto.

Propuestas de canalización de los DEG del FMI: más de los mismo

Las economías de ingreso alto y el FMI reconocen que para que la asignación de DEG tenga el mayor efecto positivo posible, los países ricos deben canalizar parte de sus DEG a los LIC y a los MIC. En junio el G7 declaró: “Alentamos al FMI a trabajar rápidamente con todas las partes interesadas pertinentes para explorar un menú de opciones para canalizar los DEG a fin de apoyar aún más las necesidades de salud, incluyendo las vacunas, y para permitir recuperaciones más ecológicas y sólidas en los países más afectados”. Los países del G7 señalaron que esperaban una canalización global de USD 100.000 millones en DEG.

En los últimos meses el FMI ha estado trabajando en las propuestas de canalización y ahora está relativamente claro qué enfoques recomienda que adopten los países ricos: (1) utilizar DEG para aumentar los recursos del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) del FMI (véase el Observador de Otoño de 2021), (2) utilizar los DEG para proporcionar financiamiento inicial a un fondo del FMI que pronto se creará, el Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad (FFRS) y (3) DEG de préstamos a los bancos multilaterales de desarrollo (BMD), incluido el Banco Mundial.

En cuanto al FFCLP, el servicio de préstamos concesionales del FMI para los LIC, el FMI ha pedido USD 17.900 millones en DEG para aumentar su capacidad de préstamo. Para el FFRS, el G7 ha dado luz verde al FMI para trabajar en el plan, con la intención de otorgar préstamos a los países para combatir el cambio climático o mejorar sus sistemas de salud. Las primeras sugerencias son que estaría operativo a partir de finales de 2022 como muy pronto y requeriría condicionalidad económica para que los países accedan al financiamiento. En cuanto a los préstamos a los BMD, las economías de ingreso alto están cada vez más interesadas en esta opción, pero sigue existiendo la cuestión de cómo los países pueden prestar a los BMD sin dejar de mantener la opción de retirar sus DEG en caso de emergencia en de la balanza de pagos.

Suponiendo que los planes que se están planteando en la actualidad estén cerca de ser una realidad, veremos que las economías de altos ingresos canalizan alrededor de entre el 15% y el 20% de sus asignaciones para aumentar la capacidad de préstamo convencional del FMI, el Banco Mundial y otros BMD. Como se describe a continuación, para muchos, esta situación es insatisfactoria.

Llamamientos a la ambición en un momento decisivo para la recuperación económica

Ha habido críticas francas y variadas al enfoque que el FMI y las economías de ingreso alto están proponiendo para la canalización de DEG. El ex funcionario del Tesoro de Estados Unidos, Mark Sobel, y Martin Wolf, del Financial Times, han argumentado que el FMI no debería cargar a los países con más deuda en este momento de crisis, como casi con certeza sería el caso bajo las propuestas del FFCLP, el FFRS y los BMD. Sobel escribió sobre el FFRS que “los LIC necesitan subvenciones, no más deuda”, mientras que Wolf argumentó que “el control de la pandemia es un bien público mundial, que debe ser logrado con subvenciones de los países ricos. Es un crimen y un error que esto no se haya entendido y hecho ya”.

En términos igualmente fuertes, las OSC, como Oxfam, han argumentado que los DEG canalizados deben proporcionar financiamiento libre de deuda y no incluir condicionalidad económica que podría obligar a los países a imponer austeridad. Un grupo de OSC británicas, incluidas CAFOD y Jubilee Debt Campaign, plantearon demandas similares al gobierno del Reino Unido y agregaron que éste debería considerar ofrecer reservas extranjeras alternativas a los DEG, liberadas por la afluencia de DEG al Tesoro, para proporcionar subvenciones o apoyar iniciativas como Covax. Los detalles sobre cómo se podría hacer esto en el contexto del Reino Unido han sido esbozados por CAFOD y es necesario explorar acuerdos similares para otras economías de ingreso alto. También preocupa el tamaño de la canalización de los DEG de los países ricos. Canalizar entre el 15% y el 20% de sus asignaciones de DEG es mucho menos de lo que estos países pueden permitirse o de lo que se necesita.

Un último problema que ha surgido es que varias economías de ingreso alto tienen la intención de contar sus préstamos de DEG al FMI y los BMD como parte de sus compromisos de ayuda, lo que probablemente lleve a recortes en el gasto de ayuda en otros lugares. Como han señalado las OSC, incluidas Oxfam y Christian Aid, esto sería un fracaso moral por parte de estos gobiernos, ya que la asignación de DEG es una nueva adición a sus balances y, de ninguna manera, incurre en un costo para sus contribuyentes ni impacta negativamente en sus perfiles de deuda.

En última instancia, dado el momento precario que enfrenta actualmente la economía mundial, es necesario que las economías de ingreso alto y el FMI sean ambiciosos. El curso actual establecido sobre la canalización de DEG es de beneficio relativamente limitado para los LIC y los MIC y, de hecho, incluso podrían ver empeorar sus perspectivas de deuda o aumentar la probabilidad de que se imponga la austeridad, así como reducir potencialmente la cantidad de financiamiento a través de la ayuda. La alternativa (que se proporcione financiamiento libre de deuda a gran escala a los países que lo necesitan para permitirles responder a la pandemia) es alcanzable si existe voluntad política.