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Análisis

Fracasa la respuesta del Banco Mundial y el FMI a la crisis alimentaria mundial, mientras la especulación financiera lleva los precios de los alimentos a máximos históricos

9 septiembre 2022

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el mundo se enfrenta a una aguda crisis alimentaria, con los precios de los alimentos alcanzando máximos históricos en marzo, antes de bajar en los últimos meses.

La invasión rusa de Ucrania ha puesto el tema bajo la lupa, ya que ambos países son productores y exportadores clave de granos y fertilizantes agrícolas.

Los expertos en alimentos argumentan que, si bien la pandemia de Covid-19 y el conflicto en Ucrania han exacerbado los problemas en las cadenas de suministro agrícolas de todo el mundo, la crisis no tiene sus raíces en una escasez de alimentos (cuya producción actual es 1,5 veces mayor a la necesaria para alimentar a la población mundial), sino más bien en un sistema alimentario mundial cada vez más desigual y financierizado.

Estas empresas mundiales tienen grandes reservas de granos, pero no las informan públicamente, ni hay una exigencia de que lo hagan. Esta falta de transparencia hace que sea imposible obtener una visión clara de las reservas mundiales de granos, lo que contribuye a una mayor volatilidad.Professor Jennifer Clapp, vicepresidente del High Level Panel on Food Security and Nutrition

Tal como argumentó la profesora Jennifer Clapp, vicepresidenta del Panel de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición, en mayo, en la plataforma en línea Civil Eats, “Los excesivos aumentos y fluctuaciones de precios [actuales] … no se basan en los fundamentos del mercado. En solo nueve días, en marzo de 2022, el precio del trigo en los mercados de futuros subió un 54%. La evidencia sugiere que los especuladores financieros están saltando a las inversiones en materias primas y apostando por el aumento de los precios de los alimentos”.

Según el profesor Sergio Leite, de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro en Brasil, “el movimiento al alza de los precios comenzó a mediados de 2020 y no solo está relacionado con la pandemia y la guerra en Ucrania, sino también con cuestiones ya relacionadas con el aumento de los costos de producción, con el debate sobre la transición del modelo de producción [es decir, la iniciativa ‘de la granja a la mesa’ de la UE]”, y con la especulación en las materias primas. Leite agregó que la cantidad de fondos de inversión que están respaldados por la agricultura creció en todo el mundo, de menos de 50 en 2005 a más de 600 en 2020.

A pesar de esto, un plan de acción para abordar la inseguridad alimentaria publicado por el Banco Mundial, el FMI y otras instituciones financieras internacionales (IFI) en mayo ni siquiera menciona la especulación financiera. El documento se centró, más bien, en promover el comercio abierto, mitigar la escasez de fertilizantes y apoyar el aumento de la producción de alimentos, entre otras cosas. La falta de reconocimiento por parte de las IFI del papel de la corporativización de la agricultura en la crisis actual es preocupante, ya que las instituciones de Bretton Woods han desempeñado un papel importante en la facilitación de la financierización del sector en las últimas décadas (véase el Observador de Primavera de 2020 y el de Primavera de 2018).

El lanzamiento del plan de acción fue posterior a una declaración firmada por más de 280 organizaciones de la sociedad civil en octubre, antes de la Cumbre Finanzas en Común de 2021, que pidió “el fin inmediato del financiamiento de las operaciones de agronegocios empresariales y las inversiones especulativas de los bancos públicos de desarrollo”, así como un enfoque renovado de apoyo a “los esfuerzos de los pueblos para lograr la soberanía alimentaria, hacer realidad el derecho humano a la alimentación, proteger y restaurar los ecosistemas y abordar la emergencia climática”.

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Tal como señaló Frederic Mousseau, del Oakland Institute de Estados Unidos, en un artículo de opinión del 30 de mayo para Inter Press Service, “No hay escasez de alimentos. Según un informe del 6 de mayo de 2022 de la FAO, el mundo disfruta de ‘un nivel de suministro relativamente cómodo’ de cereales”.

Lo que refleja la crisis actual es, más bien, asimetrías de poder en el sistema alimentario mundial. Clapp sostiene que “la producción de los cultivos básicos del mundo destinados a la exportación se concentra en un pequeño número de países y es enviada a todo el mundo por un puñado de empresas comerciales … A esto se suman los mercados financieros, que pueden agravar aún más los efectos de los shocks de precios”. De hecho, a pesar del aumento de la producción mundial de alimentos, el número de personas desnutridas, según la Organización Mundial de la Salud, ha crecido constantemente desde 2015 después de años de disminución, hasta llegar a los 811 millones en 2020.

Sin embargo, en lugar de denunciar los intereses financierizados, tanto el Banco Mundial como el FMI se han opuesto abiertamente a los países que introducen restricciones comerciales. Por ejemplo, en las Perspectivas de los mercados de productos básicos de abril de 2022 del Banco Mundial se sostiene que, “Recientemente… las respuestas de política han tendido a favorecer las restricciones comerciales, los controles de precios y los subsidios, que probablemente exacerbarán la escasez”.

El plan de acción de las IFI publicado en mayo también señaló que “el FMI está involucrando a sus miembros y está trabajando con el Banco Mundial, la OMC y otros para promover el comercio abierto. El rastreador de políticas comerciales del FMI está monitoreando las restricciones comerciales a los insumos alimenticios y agrícolas y ha… identificado… 20 países que han recurrido a este tipo de prácticas desde principios de 2022”.

Mousseau señaló el ejemplo de India, donde tanto Estados Unidos como el FMI han tratado de convencer al país de que levante la suspensión de las exportaciones de trigo. El economista sostiene: “La preocupación de ambos es que las restricciones a la exportación exacerben la escasez de alimentos … Pero el argumento no se sostiene ni técnica ni moralmente”. Y agrega:  “Estados Unidos produce aproximadamente 400 millones de toneladas de maíz, pero más del 40% de esta cantidad, 160 millones de toneladas, se destina a la producción de etanol, otro 40% se destina a la alimentación animal, solo el 10% se utiliza como alimento, mientras que el otro 10% se exporta. No se esperaba que India exportara más de 10 millones de toneladas de trigo en 2022-2023”.

Las políticas de las instituciones de Bretton Woods han contribuido activamente al status quo actual de los sistemas alimentarios

Tal como señaló Flora Sorkin, de la Society for International Development en un informe At Issue en abril de 2020, “El Banco Mundial y el FMI han desempeñado un papel fundamental para facilitar la tendencia de la financierización [en la agricultura] a través de su apoyo a las reformas agrarias dirigidas por el mercado y las desregulaciones del sector financiero, que permitieron el acceso de los inversores privados a acuerdos de tierras a gran escala en los países en desarrollo y una mayor especulación sobre los futuros de los productos básicos” (véase también Al interior de las instituciones, El Banco Mundial y la agricultura).

Según una investigación de 2019 realizada por el Oakland Institute, las clasificaciones del Enabling the Business of Agriculture del Banco, que se suspendieron como parte del escándalo general del Informe Doing Business en 2021 (véase el Observador de Otoño de 2021), incluyeron un indicador de tierras destinado a promover adquisiciones de tierras a gran escala por parte de inversores extranjeros. Un informe de 2020 también del Oakland Institute incluyó seis estudios de caso en los que el Banco Mundial fue un actor clave en el despojo a gran escala de tierras rurales. Esto incluyó a Ucrania, donde “el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional aprovecharon las consecuencias económicas de la pandemia de Covid-19 para obligar al ‘carrito de Europa’ a poner sus tierras agrícolas a la venta en un mercado de tierras” (véase el Observador de Invierno de 2019).

Mientras tanto, el Banco Mundial está instando actualmente a los países a resistirse a la introducción de subsidios alimentarios universales en una aparente continuación de las intervenciones anteriores y desafortunadas del Banco durante el período de ‘ajuste estructural’, cuando los subsidios a los alimentos y la agricultura se redujeron en virtud de las reformas del Banco Mundial (véase el Update 62). El director de financiamiento para el desarrollo del Banco Mundial, Samuel Maibo, dijo en el sitio web East African en mayo que “la posición del Banco Mundial es que los subsidios son efectivos si son temporales o específicos. Si no se cuidan estas dos características, el riesgo de administrar mal los subsidios es alto”.

La respuesta de la CFI amenaza con consolidar aún más el poder de los operadores de materias primas

Podría decirse que existe un vínculo directo entre tales políticas y la continua concentración de poder por parte de un puñado de comerciantes mundiales de productos agrícolas. Clapp señaló que solo cuatro compañías, Archer-Daniels Midland, Bunge, Cargill y Dreyfus, controlan “la mayor parte del comercio mundial de granos … Estas empresas mundiales tienen grandes reservas de granos, pero no las informan públicamente, ni hay una exigencia de que lo hagan. Esta falta de transparencia hace que sea imposible obtener una visión clara de las reservas mundiales de granos, lo que contribuye a una mayor volatilidad”.

Tal como se señala en el informe de Oxfam de mayo de 2022 Profiting from Pain, en los últimos años se ha visto un auge sin precedentes de las ganancias de los comerciantes agrícolas. En 2021 Cargill tuvo un “ingreso neto de USD 5.000 millones y obtuvo la mayor ganancia en su historia … Se espera que la empresa vuelva a tener ganancias récord en 2022”.

Como parte de sus acciones para impulsar la producción, la CFI, el brazo de inversión privada del Banco, está considerando financiar a estos mismos actores, incluyendo un préstamo recientemente aprobado de USD 200 millones a la filial brasileña de Dreyfus, que generó la oposición de la sociedad civil por preocupaciones ambientales y de derechos humanos, así como afirmaciones de que la producción agrícola apoyada se utilizará principalmente para la alimentación animal (véase el Observador de Verano de 2022). Dicho apoyo parece parte de la estrategia general de la CFI y el plan de acción de las IFI señala que la CFI “se enfocará en facilitar el financiamiento para mantener los flujos comerciales de productos básicos de orígenes alternativos y satisfacer las crecientes necesidades de capital de trabajo de sus clientes del sector privado a lo largo de la cadena de suministro … a través de intermediarios financieros, así como mediante préstamos directos a empresas agroindustriales”.

Mousseau señaló: “Mientras cientos de millones luchan por comprar alimentos, es difícil decir qué es lo más impactante: Las ganancias récord obtenidas por un puñado de empresas multinacionales que dominan el comercio mundial de alimentos o el mantra de ‘mantener el comercio abierto’ repetido hasta el cansancio por las instituciones financieras internacionales para sostener el negocio de empresas y especuladores que se atragantan con el hambre en el mundo”.