Liberarse de la trampa de la ayuda: es hora de que África ponga fin a las políticas de austeridad de las instituciones financieras internacionales
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Resumen de artículo
- La ‘trampa de la ayuda’ continúa a pesar de los importantes recortes de la AOD en medio de cambios políticos en los países donantes
- Las IBW siguen facilitando la financierización de los servicios esenciales en toda África, lo que profundiza la trampa de la dependencia y compromete la soberanía
La mayoría de las personas en todo el mundo no son conscientes de las formas en que las relaciones de poder mundiales determinan la capacidad de los Estados africanos para responder a los desafíos socioeconómicos y políticos. Durante los últimos 100 años las estructuras de ayuda exterior que comenzaron con el colonialismo europeo se han vinculado a los cambios en los intereses económicos, sociales y políticos a favor del Norte Global. Incluso después de que los Estados colonizados africanos obtuvieran su independencia política, continuó el apoyo extranjero en forma de Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD), centrándose en el desarrollo económico, aunque bajo la dirección de organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo Banco Mundial (GBM).
Los efectos resultantes de la forma en que se estructura la AOD han sido que los Estados africanos han perdido cada vez más el espacio normativo y fiscal, así como la soberanía para elaborar sus propias políticas de desarrollo, mientras que las instituciones, en su calidad de donantes, siguen desempeñando un papel importante mediante la imposición de condiciones sobre el desarrollo de políticas y programas. No es de extrañar que la reciente decisión de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) de congelar inmediatamente los flujos mundiales de ayuda haya conmocionado a la comunidad mundial de la salud. Esto ha desatado un “estado de incertidumbre” acerca de cómo responderán los programas relacionados con el VIH/SIDA, la tuberculosis, el paludismo y otros programas relacionados. Además, el anuncio de Reino Unido de nuevos recortes a la AOD produce más incertidumbre.
En 2001 los gobiernos africanos se comprometieron a asignar al menos el 15% de sus presupuestos anuales para el financiamiento de la salud. Sin embargo, más de 20 años después, la asignación media de los presupuestos públicos a la atención sanitaria en África es del 7,2%. Las tarifas en atención sanitaria en África subsahariana representa en promedio más del 35% del financiamiento, y es la segunda tasa más alta del mundo después de Asia meridional. De hecho, un informe de 2017 indicó que las tarifas en países como Nigeria, Camerún, Guinea Ecuatorial y Sudán era de más del 70%. Esta dependencia de las tarifas es sistémica y profundamente estructural y ha supuesto una carga injusta para los ciudadanos.
El ajuste estructural y la ‘trampa de la ayuda’: dispararse en un pie
No se puede ignorar el papel de las instituciones de Bretton Woods (IBW), el Banco Mundial y el FMI en la profundización de la dependencia de la ayuda exterior. En la década de 1980 las IBW fueron pioneras en los Programas de Ajuste Estructural (PAE), es decir, hacer que los recursos financieros dependan de la liberalización, la desregulación y la privatización en regiones como África y América Latina. Los PAE fueron un conjunto de condiciones que impulsaron la reestructuración de las economías africanas. Estos incluyeron la implementación de programas de austeridad, es decir, recortes de gastos particularmente en salud, educación, protección social, extensión agrícola, entre otros; el aumento de los tipos impositivos, en particular los impuestos indirectos sobre el consumo; o una combinación de ambos. Desde entonces, sectores sociales clave como la atención médica, han caído en manos de donantes y del sector privado. Estas reformas han sido renombradas como ‘acciones previas’ en el Financiamiento de las Políticas de Desarrollo del Banco Mundial (véase Al interior de las instituciones, What is WBG Development Policy Financing?) y siguen cumpliendo la misma función, ahora con una intensificación especial, bajo la última ola de austeridad.
Las políticas de austeridad de las IBW disminuyen efectivamente la participación directa de los Estados africanos en el desarrollo, creando en consecuencia una laguna que, según se afirma, debe ser llenada por la AOD. Por lo tanto, no es de extrañar que Estados Unidos, la Unión Europea y otros Estados ricos sean donantes clave, que también invierten en atención médica con fines de lucro y, en consecuencia, se benefician con dichas inversiones. Esto se refleja en las palabras del ex vicepresidente de Zambia Simon Mwansa Kapwepwe: “Si como africanos no manejamos muy bien nuestra independencia, los colonizadores volverán en forma de inversores. El colonialismo es como un camaleón, cambia de colores”. Está claro que la influencia dominante de los Estados del Norte Global dentro del FMI que efectivamente promulga medidas de austeridad en África no es accidental. En el caso del FMI, Estados Unidos, como el mayor accionista del Fondo, con el 16,5% del poder de voto, ejerce poder de veto sobre decisiones cruciales sobre política, algunas de las cuales exigen el 85% de aprobación.
Históricamente, el apoyo de los donantes ha sido un componente notable del financiamiento de la salud en África, pero es insostenible como fuente primaria. En la mayoría de los países del África subsahariana, el financiamiento de los donantes aporta hasta el 20% del gasto en atención sanitaria. Un estudio de 2020 reveló que en Malawi y Mozambique los fondos de los donantes representaron hasta el 60% del gasto en atención médica. Los fondos de los donantes también se destinan a menudo a programas de salud específicos, como la vacunación, el VIH/SIDA, el paludismo, la tuberculosis y, más recientemente, la salud materno infantil, lo que limita su flexibilidad para satisfacer necesidades sanitarias más amplias. Como tales, promueven soluciones a corto plazo que se centran en intereses extranjeros y empresariales y tratan a las mujeres, los jóvenes, los indígenas, las personas negras y morenas como ciudadanos de tercera clase.
La ayuda, en cualquiera de sus formas, es una herramienta neocolonial y un instrumento de dominación imperial. Los Estados africanos, ahora más que nunca, deben ser más conscientes de las condicionalidades de las políticas del FMI y el GBM que socavan su soberanía y el espacio para determinar sus trayectorias de desarrollo.

