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De miles de millones a ninguna parte: El espejismo del desarrollo de Ajay Banga

Photo showing an event during the World Bank Group & IMF Spring Meetings 2025. Jobs - The Path to Prosperity. Photo: Tolani Alli / World Bank.
Event at the World Bank Group & IMF Spring Meetings 2025, titled: Jobs – The Path to Prosperity. Photo: Tolani Alli / World Bank.

Resumen de artículo

  • La presentación de Banga de un ‘nuevo’ enfoque de desarrollo liderado por el sector privado recicla el desacreditado modelo de “miles de millones a billones”
  • Los grupos de la sociedad civil no logran detectar la diferencia con respecto a los esfuerzos fallidos anteriores y advierten que el enfoque sigue priorizando los rendimientos de los inversores sobre el bien público

Al mismo tiempo que Estados Unidos revela una agenda de desarrollo basada en el interés nacional y los compromisos transaccionales, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, publicó un artículo de opinión en el Financial Times, en abril, antes de las Reuniones de Primavera, en el que posiciona al capital privado como un elemento central del enfoque del Banco y lo enmarca como un giro reformista. Sin embargo, esto reconfigura viejas suposiciones con poca evidencia, al eludir las contradicciones en la agenda de finanzas privadas del Banco y distanciarlo de compromisos climáticos y de género más estrictos para apaciguar a su principal accionista.

La afirmación de Banga de una nueva era en la participación del sector privado pasa por alto casi una década de objetivos incumplidos en el marco de las agendas de “miles de millones a billones” y de Maximización del Financiamiento para el Desarrollo (MFD) (véase el Observador  de Verano de 2023 y el de Primavera de 2022). Incluso funcionarios del Banco, como el economista jefe Indermit Gill, han llamado al modelo una “fantasía”, y han afirmado que, desde 2022, los acreedores privados han extraído USD 141.000 millones más en pagos de deuda de los países en desarrollo que lo que han prestado, lo que socava las demandas de movilización a gran escala.

Las organizaciones de la sociedad civil (OSC) han pedido durante mucho tiempo que el Banco fundamente sus afirmaciones proporcionando datos desglosados sobre la movilización de capital privado, incluyendo qué sectores e instrumentos funcionan mejor, y dónde es más eficaz el financiamiento concesional. El propio análisis de la OCDE mostró que el 87% del financiamiento privado movilizado entre 2018 y 2020 se destinó a países de ingreso medio, solo el 12% a los de ingreso bajo y apenas el 7% a la infraestructura social. Además, la inversión privada en salud y educación a menudo conlleva graves riesgos, como lo demuestran los repetidos escándalos vinculados a la CFI relacionados con la mala calidad de la atención, la especulación y la débil supervisión en hospitales privados y escuelas privadas de bajo costo (véase el Observador  de Primavera de 2025 y el de Primavera de 2024). Estos fracasos revelan cómo los modelos que apuntan a las ganancias en los servicios esenciales pueden empeorar la desigualdad y socavar la rendición de cuentas, lo que plantea dudas fundamentales sobre el enfoque del Banco de priorizar el sector privado.

Un cambio de etiqueta no es reforma

Banga señala que la inversión privada solo fluirá donde exista “una infraestructura sólida y una regulación predecible”. Para crear estas condiciones, el Banco utiliza cada vez más instrumentos financieros como las garantías, la titulización y las reformas del financiamiento de las políticas de desarrollo (véase el Briefing A just energy transition deferred). Sin embargo, en la práctica, las garantías ofrecen protección a los inversores frente a riesgos políticos o crediticios, mientras que exponen a los gobiernos anfitriones a pasivos contingentes que rara vez se divulgan públicamente. El programa de titulización de la CFI, que transforma los préstamos para el desarrollo en valores que se venden en los mercados secundarios, crea un riesgo adicional al importar volatilidad y complejidad hacia las economías frágiles. Estas herramientas se celebran como “catalizadoras”, pero no hay evidencia pública disponible sobre qué sectores o instrumentos han tenido el mayor impacto en el desarrollo.

La promesa de Banga de impulsar sectores como la energía, la agroindustria, la salud y la manufactura en los países ricos en recursos pasa por alto el papel del Banco Mundial en el debilitamiento de la capacidad del Estado. A través del ajuste estructural, la desregulación y la privatización, las políticas del Banco han socavado la industria nacional y el crecimiento inclusivo, creando dependencia de las materias primas sin transformación económica (véase el Observador de Otoño de 2024 y Al interior de las instituciones What are the main criticisms of the World Bank and the IMF?). En las naciones ricas en minerales, esto ha fomentado economías de enclave dominadas por empresas extranjeras con beneficios locales limitados. Si bien Banga hace hincapié en la creación de empleo, el impacto es cuestionable. De acuerdo con la 2023 World Investment Report de UNCTAD, las inversiones privadas en sectores intensivos en capital a menudo crean pocos puestos de trabajo a corto plazo, de bajos salarios y con poca protección, lo que pone en duda su verdadero valor para el desarrollo (véase el Observador de Verano de 2025).

“El firme apoyo a una agenda de desarrollo impulsada por el financiamiento privado es un gran salto en la oscuridad. Atraer capital privado a los países del Sur Global exige que se descargue el riesgo sobre ellos. Lo que se necesita es una transformación económica y una política industrial que permita a los Estados escapar de la deuda y la dependencia, reduzca la exposición a los shocks externos y aumente la capacidad para salvaguardar los derechos humanos, al tiempo que apoya las aspiraciones de la gente del Sur Global”, señala María José Romero, de la OSC belga Eurodad.