Sri Lanka y el FMI: Otro claro ejemplo de que se necesita una reforma urgente de la reestructuración de la deuda
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Resumen de artículo
- El último programa del FMI en Sri Lanka exige una severa austeridad social y perjudicial económicamente
- La situación de Sri Lanka pone de manifiesto las persistentes deficiencias del análisis de sostenibilidad de la deuda del FMI y su sesgo hacia los acreedores
- Los fracasos de los 17 programas del FMI de Sri Lanka ponen de manifiesto la necesidad urgente de un nuevo mecanismo independiente de reestructuración de la deuda
La economía mundial se encuentra en una encrucijada crítica y Sri Lanka no es la excepción. Es probable que las prioridades en materia de políticas de la administración Trump, que van desde centrarse estrictamente en los desequilibrios comerciales, minimizar la urgencia de la crisis climática y mantener una profunda fe en las soluciones basadas en el mercado para los problemas sociales, agraven los desafíos que ya enfrenta Sri Lanka.
La desproporcionada influencia económica de Estados Unidos, junto con su poder normativo dentro de instituciones mundiales como el FMI, plantean un desafío significativo. Esto se ve agravado por la persistente falta de legitimidad democrática en el FMI y en la arquitectura financiera internacional en general, donde la toma de decisiones sigue estando muy sesgada a favor de las economías avanzadas y los acreedores.
La larga y fallida historia del FMI en Sri Lanka
En 2022 Sri Lanka incumplió por primera vez el pago de su deuda externa, lo que desencadenó una grave crisis económica marcada por la inflación, la escasez y la inquietud social. En respuesta, Sri Lanka inició su 17º programa de préstamos con el FMI, una recurrencia que no señala un camino hacia el desarrollo sostenible, sino un ciclo cada vez más profundo de dependencia.
La experiencia de Sri Lanka ejemplifica la trampa de la deuda soberana que enreda a muchos países en desarrollo dentro de un sistema financiero mundial estructuralmente injusto. La crisis de la deuda del país es el resultado de años de endeudamiento irresponsable, en gran parte facilitado o alentado por el FMI y otros prestamistas internacionales imprudentes, debido a la dependencia de los mercados monetarios mundiales para financiarse. A principios de la década de 2010 Sri Lanka comenzó a emitir bonos soberanos de alto interés a acreedores extranjeros, una estrategia vista como arriesgada incluso entonces.
El acuerdo actual, al igual que los anteriores, se basa en un defectuoso Análisis de Sostenibilidad de la Deuda del FMI (véase el Observador de Otoño de 2023) que se basa en supuestos demasiado optimistas, manteniendo así la ilusión de capacidad para pagar las deudas. Si no se introducen cambios fundamentales en este marco, el acuerdo corre el riesgo de imitar a los anteriores y agravar la desigualdad, socavar el desarrollo a largo plazo y encerrar al país en otro ciclo de austeridad y dependencia.
Cada vez más, los economistas progresistas argumentan que el acuerdo de Sri Lanka solo ofrece liquidez a corto plazo a costa de la resiliencia a largo plazo, con proyecciones que sugieren la posibilidad de otro incumplimiento ya en 2028. El patrón ilustra cómo estos acuerdos de deuda a menudo sirven para estabilizar los intereses de los acreedores en lugar de apoyar una recuperación económica genuina o la soberanía democrática.
La estrategia actual del FMI y sus fracasos
Si bien el último programa del FMI fue planteado como un salvavidas necesario, ha impuesto una dura austeridad y otras medidas, como la devaluación de la moneda, los fuertes crecimientos de las tasas de interés, los aumentos significativos de los impuestos indirectos, los recortes de subsidios y la reducción del gasto público, que han afectado desproporcionadamente a los pobres. Mientras tanto, a pesar de estar en graves dificultades económicas, Sri Lanka continuó pagando el servicio de su deuda hasta que sus reservas de divisas se agotaron por completo.
En el corazón de la estrategia del FMI hay un fallo crítico: las obligaciones de deuda de Sri Lanka son en gran medida en dólares estadounidenses, pero su producción económica se mide en rupias de Sri Lanka. Tal como afirmó la profesora Jayati Ghosh, de la University of Massachusetts-Amherst de Estados Unidos, al anclar el reembolso al crecimiento del PIB en términos de dólares, el programa ignora la capacidad real del país para obtener las divisas necesarias para pagar sus deudas.
Además, la fuerte influencia del FMI sobre la política económica de Sri Lanka ha suscitado preocupación entre los grupos de la sociedad civil y los economistas. Si bien son necesarias algunas reformas estructurales, el énfasis del FMI en el endurecimiento fiscal, los aumentos de las tasas de interés y la reducción del gasto público restringe la capacidad del Estado para invertir en el desarrollo centrado en las personas y en la mitigación y adaptación al cambio climático que se necesita con urgencia. La persistente presión para aumentar los ingresos en divisas – principalmente a través de las exportaciones, el turismo, las remesas y la inversión extranjera directa – a menudo es a expensas del bienestar de la población. Este modelo de crecimiento impulsado desde el exterior afianza un ciclo de dependencia, lo que deja al país vulnerable y mal preparado para resistir futuros shocks exógenos.
Justicia y realidad: un camino a seguir
Para apoyar verdaderamente la recuperación de Sri Lanka, la reestructuración de la deuda debe reflejar la capacidad real del país para pagar. Aunque el FMI reconoció – en su contribución a la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla, España, en julio – que los países carecen de espacio fiscal para invertir en desarrollo humano e infraestructura esenciales que produzcan crecimiento, sigue considerando que su deuda es sostenible. Lo que se requiere es negociar reducciones en la deuda total, asegurar tasas de interés más bajas y extender los plazos de pago. Estas medidas aliviarían la presión sobre las finanzas públicas y permitirían al gobierno preservar servicios esenciales como la atención médica, la educación y la protección social. Al mismo tiempo, Sri Lanka debe aumentar sus ingresos en divisas mediante inversiones estratégicas en exportaciones de valor añadido, turismo sostenible y la reducción de los flujos financieros ilícitos. El FMI tiene un papel fundamental que desempeñar en el apoyo a esta transición, no en su limitación, yendo más allá de los estrechos objetivos económicos y ayudando a construir una economía resiliente.
Una reestructuración de la deuda más inteligente y justa, alineada con los ingresos en divisas y comprometida con el desarrollo social, puede sentar las bases de una soberanía económica real.

