UN80: ¿Una oportunidad perdida para la transformación?
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Resumen de artículo
- El mundo enfrenta un desorden económico, ambiental e institucional que requiere una acción multilateral urgente.
- El proceso de reforma ONU80 ha demostrado hasta ahora ser superficial y poco ambicioso.
- Los Estados miembros deben garantizar que la reforma dé lugar a una mejor arquitectura de gobernanza, una mayor rendición de cuentas, estructuras de derechos humanos bien financiadas y respeto de los límites planetarios.
¿Por qué la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha fallado repetidamente en mantener la paz y la seguridad, uno de sus objetivos fundamentales? ¿Es la ONU adecuada para hacer frente a desafíos emergentes como el cambio climático y las tecnologías disruptivas? Este artículo argumenta que la UN80, una iniciativa para reformar las Naciones Unidas con motivo de su 80 aniversario, está resultando ser una oportunidad perdida para la transformación estratégica necesaria para mantener la relevancia de la organización.
La ONU, una institución construida sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, se enfrenta a un crisis de legitimidad sin precedentes. La crisis es real haciendo que cada uno de los tres pilares estipulados en el Carta de las Naciones Unidas – la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible, se tambalee. Con un Consejo de Seguridad disfuncional, el mundo está experimentando la mayor cantidad de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial (véase el Observador de Invierno de 2023). Los países están disfrutando de la impunidad ante violaciones graves de los derechos humanos. Diez años después del lanzamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, solo el 35% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han mostrado un progreso adecuado. ¿Qué reformas harían que la ONU sea apta para el propósito en el siglo XXI? Mientras la ONU celebra su 80 aniversario, su secretario general lanzó una iniciativa en marzo de 2025 para una “reforma ambiciosa de todo el sistema” de la ONU.
El proceso de reforma se organiza en torno a tres líneas de trabajo: identificar y abordar las ineficiencias; examinar y abordar la duplicación en la aplicación de los mandatos; examinar posibles cambios estructurales y realineamientos de programas. Diferentes entidades de la ONU están desarrollando propuestas de reforma en torno a siete grupos temáticos para su consideración por el Grupo de Trabajo de la ONU80 y la posterior aprobación de los países.
A pesar de la retórica, las reformas siguen siendo insuficientes
Mientras que la UN80 se presenta como una “oportunidad de transformación”, las propuestas hasta ahora parecen estar lejos de ser transformadoras. Por ejemplo, se han propuesto numerosas medidas (tales como recortes de personal de hasta el 20%, traslado del personal a lugares más baratos y menos informes y reuniones) para reducir los costos. Sin embargo, estas medidas no son transformadoras ni deberían haber esperado por la UN80. Del mismo modo, las medidas propuestas en el Informe de la revisión de la implementación del mandato sobre la creación, entrega y revisión de mandatos son cualquier cosa menos transformadoras: la mayoría de estas propuestas tienen como objetivo mejorar la eficiencia.
El proceso de la ONU80 será verdaderamente transformador solo si aborda las causas fundamentales del desmoronamiento de los tres pilares de la ONU y, a su vez, responde al desorden mundial emergente – que incluye el desorden económico, ambiental e institucional.
El Pacto para el Futuro, adoptado por los países en septiembre de 2024 durante la Cumbre del Futuro, incluía un plan para tales reformas transformadoras, cuatro de cuyos elementos se destacan aquí:
Reforma de la estructura de gobernanza: Los actuales marcos de gobernanza internacional relativos a la paz y la seguridad, el comercio, la inversión, el financiamiento y la tributación son inequitativos. El Consejo de Seguridad es un ejemplo de ello. La composición actual y la estructura de votación se han convertido en un obstáculo para que el Consejo cumpla su mandato de garantizar la paz y la seguridad. En consecuencia, los conflictos están consumiendo recursos que deberían haberse destinado a financiar los ODS y los derechos humanos. La reforma de la arquitectura financiera internacional, incluida la estructura de gobernanza del FMI y el Banco Mundial (véase el Observador de Verano de 2022), es igualmente urgente para permitir que los países en desarrollo no dejen a nadie atrás, cumplan sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos y contribuyan a la estabilidad social y política (véase el Observador de Otoño de 2025).
Fortalecimiento de la rendición de cuentas: Los países que violan las normas de derecho internacional acordadas deben enfrentar consecuencias disuasorias colectivas en lugar de poder esconderse detrás de la soberanía nacional. Además, a los países que constantemente omiten pagar sus contribuciones como miembros a tiempo no se les debe permitir participar en los procesos de la ONU. También es fundamental responsabilizar a las empresas multinacionales que pueden presionar e influir en los procesos de la ONU para servir a sus intereses, pero evitan obligaciones internacionales directas. El cabildeo empresarial en la negociaciones de la CMNUCC y el tratado sobre contaminación con plásticos ilustran esta paradoja.
Financiar los derechos humanos: Con menos del 5% del presupuesto de la ONU asignado a los derechos humanos, este es un pilar olvidado. Esto es así a pesar del reconocimiento colectivo por parte de los países de que los tres pilares de la ONU “son igualmente importantes, están interrelacionados y se refuerzan mutuamente”. En lugar de financiar economías de guerra, los países deberían impulsar significativamente la inversión en todos los derechos humanos para todos para contribuir a la paz duradera y al desarrollo sostenible.
Respeto de los límites planetarios: Seis de nueve límites planetarios han sido violados, cualquier reforma futura de las Naciones Unidas debe incorporar el respeto de los límites planetarios en su diseño institucional, mandatos y programas. Dos opiniones consultivas sobre cambio climático emitidas por la Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos proporcionan elementos clave de dicha inclusión (véase el Observador de Otoño de 2025).
En resumen, para que la ONU80 esté a la altura de su título, los países que forman parte de la ONU deben actuar de manera “unida” para hacer frente a múltiples crisis interrelacionadas. El Acuerdo sobre la pandemia y el Compromiso de Sevilla demuestran que los países aún pueden llegar a un consenso sobre cuestiones de interés mundial común.
Sin embargo, para mantener la paz, salvaguardar el multilateralismo, fortalecer la cooperación internacional, promover los derechos humanos, respetar la naturaleza, lograr el desarrollo sostenible y construir instituciones más justas, la ONU necesita una transformación estratégica, no reformas reactivas y apresuradas que hemos visto hasta ahora para lidiar con el crisis presupuestaria desencadenada por la administración Trump.

