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A medida que el año del Jubileo llega a su fin, la crisis de la deuda sigue sin resolverse

Resumen de artículo

  • La deuda mundial ha alcanzado niveles sin precedentes, exponiendo injusticias sistémicas que hacen que el endeudamiento sea más costoso y arriesgado para los países en desarrollo.
  • El FfD4 no logró un reinicio, pero centró la justicia de la deuda en la agenda de la ONU.
  • El dominio creciente de los acreedores privados sigue siendo un tema clave en los procesos de reestructuración de la deuda multilateral.

La deuda es un problema sistémico arraigado en las jerarquías monetarias y las dinámicas coloniales, y a la vez entrelazado con la vulnerabilidad climática, la desigualdad y la gobernanza multilateral injusta (véase el Observador de Otoño de 2022). La deuda soberana mundial ha alcanzado niveles sin precedentes, superando ahora el 235% del PIB mundial. Dos tercios de los países de ingreso bajo están en situación de sobreendeudamiento o cerca de ella, mientras que las economías avanzadas están registrando su deuda pública más alta desde las Guerras Napoleónicas.

En este contexto, 2025 se ha vuelto crucial para la justicia de la deuda. Dado que el año del Jubileo de la Iglesia Católica coincide con la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo (FfD4, por su sigla en inglés) de la ONU, la atención mundial volvió a centrarse en los principios de Jubileo 2000: la deuda como una cuestión moral y estructural, y la necesidad de un alivio periódico para restablecer la equidad y la dignidad. Sin embargo, la arquitectura de la deuda actual es insuficiente. El Marco Común del G20, los canjes de deuda y los bonos vinculados al clima protegen en gran medida los intereses de los acreedores. En el centro se encuentra el FMI, cuya condicionalidad y evaluaciones de sostenibilidad de la deuda socavan la soberanía económica y contribuyen a las crisis cíclicas de la deuda.

Tal como señala Tim Jones de la organización de la sociedad civil (OSC) Debt Justice, “la combinación de préstamos del FMI y del Banco Mundial, y los recortes del gasto público, permiten que la deuda se siga pagando, pero a un costo enorme. Se necesita urgentemente la cancelación de la deuda para evitar que esta crisis se convierta en un desastre para la pobreza y los derechos humanos”.

Las experiencias de Zambia y Ghana ponen de relieve esta disfunción. Ambos fueron beneficiarios de la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (HIPC, por su sigla en inglés), sin embargo, ambos volvieron a incumplir sus obligaciones de pago en 2020 y 2022, respectivamente. Su regreso a la crisis demuestra que las políticas de austeridad impuestas por el FMI y el Banco Mundial y las desigualdades de la arquitectura financiera internacional, incluidos los mayores costos de endeudamiento para los países de ingreso bajo y medio, siguen reproduciendo las vulnerabilidades que el Jubileo del 2000 intentó terminar.

El trato a los países del Sur Global contrasta con el de los países del Norte Global durante las épocas de crisis. El Acuerdo de Londres de 1953 redujo a la mitad la deuda externa de Alemania Occidental y extendió los pagos a lo largo de décadas en condiciones favorables y vinculadas al crecimiento. Sin embargo, incluso las reflexiones contemporáneas evitan abordar estos hechos históricos: el informe de la Comisión Jubilee evita solicitar la condonación integral de la deuda, lo que subraya cuán lejos se ha desviado el discurso mundial de la audacia de la visión de Jubilee hace 25 años.

De la ambición a la realidad: los compromisos del FfD4 en materia de deuda

Si bien el documento final del FfD4 – el Compromiso de Sevilla – no produjo el reinicio completo que muchos habían exigido, creó espacio político para el avance. Las economías avanzadas, lideradas por la UE, bloquearon una Convención Marco de las Naciones Unidas sobre la Deuda Soberana; sin embargo, el fuerte cabildeo de las organizaciones de la sociedad civil (OSC), el Grupo Africano y la Alianza de los Pequeños Estados Insulares, aseguró un proceso intergubernamental, que garantiza que la reforma de la deuda permanezca en la agenda de la ONU y abre la puerta a pasos más ambiciosos en futuras negociaciones. Otras oportunidades emergentes incluyen la formación de un club de prestatarios, coliderado por Zambia y Egipto con el apoyo de la UNCTAD, con el objetivo de fortalecer la capacidad de negociación, compartir herramientas analíticas y promover principios comunes para una reestructuración justa, lo que indica un paso en la dirección correcta.

Igualmente significativa fue la decisión de incorporar formalmente a las agencias de calificación crediticia (ACC) en el proceso de Financiamiento para el Desarrollo de la ONU a través de una reunión de alto nivel sobre calificaciones soberanas. Si bien las demandas de las OSC de una agencia pública de calificación crediticia de la ONU siguen sin cumplirse, esta es la primera vez que la ONU ha creado un mecanismo para las ACC, largamente criticadas por sus rebajas procíclicas, su falta de transparencia y su influencia desproporcionada en los costos de endeudamiento. Las evaluaciones de las ACC determinan el costo del capital para los países, a menudo exacerbando la tensión cuando las rebajas se producen durante las crisis. Fundamentalmente, estas calificaciones y las Evaluaciones de la Sostenibilidad de la Deuda (DSA, por su sigla en inglés) del FMI se influyen y refuerzan mutuamente: una vez que el Fondo señala vulnerabilidad, las ACC tienden a rebajar la calificación, lo que eleva las tasas de interés y refuerza los mismos riesgos que identifican.

Esta dinámica procíclica es exactamente lo que debe abordar la revisión en curso del FMI de su Marco de Sostenibilidad de la Deuda para Países de Ingreso Bajo (LIC DSF; véase Al interior de las instituciones What is the World Bank & IMF debt sustainability framework for low-income countries?). La limitada capacidad de alerta temprana del marco y su incapacidad para tener en cuenta las reacciones del mercado hacen que el peligro solo se reconoce una vez la crisis se ha afianzado por completo. El FMI admite que el alivio de la deuda a menudo ha sido “demasiado poco, demasiado tarde”, pero defiende la cautela para preservar el acceso al mercado. Sin embargo, la evidencia demuestra que las reestructuraciones anteriores y preventivas producen resultados mucho mejores, es decir, crisis más cortas y menos impagos.

Acreedores privados: el pilar faltante en la arquitectura mundial de la deuda

Mientras el sistema multilateral lucha por lograr una reforma significativa, el sector privado sigue siendo la pieza faltante del rompecabezas de la deuda mundial, y actualmente posee más del 60% de la deuda externa de los países de ingreso bajo y medio. Sin normas vinculantes para la participación privada, las iniciativas multilaterales corren el riesgo de verse socavadas por la resistencia de los acreedores, enraizada en un modelo centrado en el FMI que prioriza el acceso al mercado y la confianza de los inversores, estableciendo las “reglas del juego” en las que los acreedores privados ejercen una influencia desproporcionada (véase el Observador de Verano de 2025).

En este contexto, la New York Sovereign Debt Stability Act de 2023 fue aclamada como una reforma histórica para aportar equidad y previsibilidad a las reestructuraciones de deuda; sin embargo, el proyecto de ley se estancó bajo la presión del sector financiero, lo que refleja la vacilación del Reino Unido ante reformas similares. En cambio, están surgiendo nuevas iniciativas como la London Coalition on Sustainable Sovereign Debt, cuyo objetivo es reunir a gobiernos, inversores y acreedores privados bajo una “coordinación mejorada”. Sin embargo, tal como señaló Debt Justice UK, esta es “una coalición de acreedores, no una coalición por la justicia de la deuda”. Al basarse en el compromiso voluntario y en principios basados en el mercado, reafirma el dominio de los acreedores en lugar de cuestionarlo.

Iolanda Fresnillo, de la OSC belga Eurodad, afirmó: “En 2026 el movimiento de la deuda entra en la escena de la ONU a medida que los países y la sociedad civil presionan a favor de normas justas y exigibles. Sin embargo, el diálogo sin obligaciones vinculantes amenaza con afianzar los desequilibrios de poder. Para que los principios del Jubileo se afiancen, los acreedores privados deben estar obligados, la reforma sistémica del FMI y el Banco Mundial debe ser prioritaria, y la cancelación de la deuda debe ocupar un lugar central en el debate mundial”.