Los análisis de sostenibilidad económica del FMI no consideran la riqueza extrema como un riesgo macroeconómico ni abordan los daños
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Resumen de artículo
- La investigación de New Economics Foundation demuestra las consecuencias perjudiciales de los niveles extremos de acumulación de capital y concentración de la riqueza a nivel nacional y mundial.
- La supervisión del FMI debería analizar las consecuencias de la riqueza extrema con vistas a abordar riesgos, incluyendo el aumento de la desigualdad.
La Revisión Integral de la Supervisión en curso del FMI (véase el Dispatch Annuals 2025 y el Observador de Verano de 2025) busca evaluar cómo la institución ha abordado las cuestiones de sostenibilidad económica y riesgo en el asesoramiento que ha presentado a sus Estados miembros, en particular a través de la supervisión bilateral (del FMI al país) del Artículo IV – informes anuales sobre la situación económica de un país (véase Al interior de las instituciones, IMF Surveillance).
Sin embargo, una cuestión que el Fondo no ha incluido hasta ahora en sus análisis es la riqueza extrema. Los niveles extremos de acumulación y concentración de riqueza subyacen a la inestabilidad económica que enfrentan muchos países, lo cual se manifiesta a través de una creciente volatilidad económica mundial. Un informe de Oxfam de junio, por ejemplo, reveló que en 2025 más de la mitad de la población mundial (3.700 millones de personas) vive en la pobreza, mientras que el uno por ciento más rico ha ganado USD 33,9 billones de riqueza en términos reales durante los últimos 15 años. Tal como se argumentó en una sesión del Foro de Políticas Relativas a la Sociedad Civil (CSPF, por su sigla en inglés) en octubre, durante las Reuniones Anuales del Banco Mundial y el FMI (véase el Dispatch Annuals 2025), la desigualdad y la riqueza extrema provocan daños económicos reales, como inflación, inaccesibilidad a la vivienda y falta de hogar, y permiten el control político por parte de élites no electas, lo que debilita las instituciones democráticas a través de donaciones políticas, cabildeo y captura de medios. Un informe de septiembre de 2024 del Good Ancestor Movement and Patriotic Millionaires afirma: “La riqueza extrema no solo no ayuda a los demás, sino que plantea riesgos significativos para la economía al concentrar el poder de manera desproporcionada, desestabilizar y distorsionar la dinámica del mercado, y estancar el crecimiento”.
La riqueza extrema en la supervisión del Fondo
Los informes de supervisión del Fondo basan su análisis de la salud económica de un país en su estabilidad económica general y el crecimiento medido en términos de PIB. Sin embargo, el PIB como métrica es ciego a los efectos ecológicos y humanos perjudiciales del crecimiento a toda costa, y es claramente insuficiente para identificar los factores de riesgo económico asociados con el aumento de la desigualdad. Estos pueden revelarse al incluir datos sobre una línea de riqueza extrema, un punto en el que la riqueza se concentra tanto que presenta un riesgo tanto en el ámbito nacional como mundial, desde tratar la salud y la educación, los derechos al agua y la vivienda como vehículos para la generación de ganancias, en lugar de como derechos humanos o servicios que existen para el bien público, hasta efectos indirectos como la fuga de capitales, las tenencias extraterritoriales o la evasión fiscal.
Si bien el Fondo identifica cada vez más el aumento de la desigualdad como un factor de riesgo, sus prescripciones en materia de políticas no logran integrar soluciones capaces de abordar los daños resultantes de la acumulación de riqueza extrema (véase el informe, Brace for impact: Social and gender inequalities in IMF surveillance).
Fernanda Balata, del grupo de expertos New Economics Foundation (NEF) con sede en el Reino Unido, sostiene que: “Las desigualdades persisten en parte porque el análisis del Fondo sigue centrándose en la desigualdad de ingresos, a pesar de la amplia evidencia de que la desigualdad de riqueza – y en particular la concentración de riqueza dentro del 1 % superior – genera distorsiones sistémicas mucho mayores”.
La investigación de NEF, como parte de la iniciativa de una línea de riqueza extrema, “constata que se necesitan nuevas herramientas en materia de políticas para medir y evaluar los riesgos resultantes para la democracia, la resiliencia económica y la justicia social”, dijo Balata. Y agregó: “La integración de una línea de riqueza extrema en la supervisión del FMI – que complemente indicadores como los coeficientes de Gini de riqueza e ingresos – permitiría una identificación más clara de las vulnerabilidades macroeconómicas y políticas, incluidas la fuga de capitales, la acumulación extraterritorial, la erosión fiscal y la fragilidad democrática”.
Dicho enfoque fortalecería la capacidad del Fondo para evaluar la sostenibilidad y la resiliencia económicas y apoyaría un asesoramiento en materia de políticas más coherente y otras herramientas necesarias para frenar las concentraciones perjudiciales de riqueza.
