De donante a inversor: Los peligros del cambio de paradigma del desarrollo
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Resumen de artículo
Los principales donantes intentan desviar la atención de los recortes de la AOD con una nueva retórica.
El Banco Mundial y el FMI continúan presentando la movilización de capital privado como una alternativa única y de “beneficio mutuo”.
La reducción de la AOD y la mayor dependencia del financiamiento privado amenazan con profundizar las barreras existentes para lograr resultados de desarrollo positivos.
Mientras el mundo enfrenta turbulencias geopolíticas, la cooperación para el desarrollo se ha visto afectada por recortes sustanciales. Once miembros del Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han anunciado recortes en la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) para 2025-2027. El alejamiento del financiamiento bilateral tradicional, como las donaciones o los préstamos concesionarios, se sigue intensificando. Un informe de la OCDE de junio de 2025 proyectó una caída de entre el 9% y el 17% en la AOD en 2025, tras una caída del 9% en 2024, con una profunda incertidumbre sobre las perspectivas a futuro. Donantes como el Reino Unido están cambiando la narrativa, justificando los recortes de la AOD al reposicionar el compromiso con los países receptores como “mutuamente beneficioso”, donde los países ricos pasan “de donante a inversor”, justificando así el alejamiento de las donaciones y los préstamos concesionarios, que muchos consideran fuentes de financiamiento esenciales que no generan deuda, hacia un enfoque renovado en nuevas “inversiones conjuntas” y herramientas de financiamiento. Según la organización de la sociedad civil (OSC) Eurodad, los países ricos no están logrando mantener el “papel de desarrollo y regulador del Estado”.
El informe de la OCDE advirtió que los recortes a los compromisos multilaterales podrían desencadenar una “segunda ola” de impacto extremadamente perjudicial para los países de ingreso bajo (LIC) y los más pobres del mundo, y subrayó la importancia de mantener el gasto multilateral, incluso a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), la rama del Banco Mundial para los países de ingreso bajo que proporciona donaciones y préstamos concesionarios a los LIC. Además, en un informe de enero, Eurodad destacó que la calidad de la AOD también ha empeorado, incluso en el gasto multilateral, y señaló que los miembros del CAD de la OCDE bloquearon la reforma estructural en la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU de 2025 en Sevilla (véase el Observador de Verano de 2025). Ante la ausencia de ayuda, y bajo los auspicios de la movilización de financiamiento privado, la cooperación para el desarrollo se ve cada vez más como un ámbito para el crecimiento liderado por el sector privado. Las instituciones multilaterales como el Grupo del Banco Mundial (GBM) y el FMI están contribuyendo a la profundización de este modelo de desarrollo más riesgoso, redoblando la apuesta por la movilización estratégica de capital privado para lograr el crecimiento económico, al tiempo que no logran producir el impacto prometido en el desarrollo (véase el Observador de Otoño de 2024).
Se venden asientos en la mesa del desarrollo
Dada la caída de la AOD, acompañada por el creciente enfoque retórico en las “inversiones conjuntas” para el desarrollo nacional, resulta esencial cuestionar si los actores privados con intereses lucrativos pueden desempeñar un papel central en el logro de los objetivos de desarrollo humano y de qué manera, especialmente considerando los fracasos de la agenda del Banco de “miles de millones a billones” (véase el Observador de Verano de 2025). Bajo la presidencia de Ajay Banga, el Banco Mundial sigue insistiendo en que el desarrollo es una “inversión estratégica” para el crecimiento y la estabilidad mundiales, con un enfoque en la creación de empleos y en acelerar la inversión del sector privado. En un artículo de opinión de abril de 2025 en el Financial Times, Banga escribió que la pregunta clave que debe hacerse a los países es: “¿Cómo se ve el futuro aquí y por qué deberíamos invertir en él?”, sin referirse ni una sola vez a los derechos humanos o a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Declaró: “Nuestro objetivo final es ayudar a los países a construir sectores privados dinámicos que conviertan el crecimiento en empleos locales”.
Sin embargo, Alex Campbell, de la Confederación Sindical Internacional (CSI), comentó que el intenso enfoque del Banco en la creación de empleo como resultado de desarrollo adolece del sesgo hacia el sector privado que se encuentra en el centro del nuevo giro del desarrollo, señalando:
“Los empleos se definen de forma tan vaga que incluyen casi cualquier inversión que plausiblemente pudiera apoyar a las empresas, por lo tanto, inversión privada equivale a empleos… el Banco no parece estar dispuesto a cambiar de rumbo. Pero los impactos de sus inversiones en el desarrollo se verán afectados, y sus accionistas – por no hablar de las comunidades a las que sirve – notarán que los empleos prometidos sobre el papel no aparecieron en la realidad”.
El uso de la creación de empleo por parte del Banco como un indicador indirecto del desarrollo pone de relieve cómo este modelo de desarrollo impulsado por la inversión, alejado de la AOD, prioriza los flujos de capital por encima del impacto social positivo atribuible y la transformación económica.
No es un tónico para la falta de ayuda
Alentar a los países prestatarios a que dejen de depender de las donaciones y los préstamos concesionarios para pasar a depender del financiamiento privado es particularmente peligroso en medio del creciente sobreendeudamiento mundial. Ampliar la dependencia del capital privado mientras los países se encuentran fuertemente limitados por la consolidación fiscal transfiere aún más el riesgo y la vulnerabilidad a los países prestatarios. En 2024, el economista en jefe del GBM, Intermit Gill, calificó la agenda de “de miles de millones a billones” del Banco como una “fantasía”, en medio de salidas netas de financiamiento privado del Sur Global. Además de las tasas de interés más altas que pagan los países de ingreso bajo y medio y la depreciación de la moneda, la creciente proporción de la deuda con acreedores privados ha aumentado el costo del servicio de la deuda externa. En muchos casos, los reembolsos de la deuda rivalizan con el gasto público en salud o educación o lo superan y, según constató la OSC británica Debt Justice en 2025, de una muestra de países que recibieron préstamos a largo plazo del FMI, todos sufrieron un recorte del gasto público total por persona del 10% a lo largo de su programa del FMI.
Dado que países como el Reino Unido están replanteando el desarrollo como una asociación, cabe preguntarse si las soluciones de financiamiento privado que se ofrecen para cerrar la brecha priorizan realmente las necesidades de desarrollo, o si el esfuerzo de colaboración es una vía de sentido único que facilita la desregulación, las estructuras tributarias regresivas y las zonas económicas especiales que se alejan aún más de los resultados centrados en las personas. El informe de Eurodad señaló que la contabilización de instrumentos del sector privado, como las garantías de inversionistas privados, ha “diluido el propósito de desarrollo central de la AOD. Los volúmenes de ayuda declarados corren el riesgo de verse inflados por la inclusión de flujos no concesionarios y de orientación comercial, sin pruebas claras de que estos recursos se ajusten a las prioridades de los países del Sur Global ni generen resultados de desarrollo significativos”.
Los donantes pueden insistir en que esta es una oportunidad para superar el sistema de dependencia exacerbado por la ayuda y crear un nuevo conjunto de soluciones de financiamiento. Pero la AOD es una obligación moral que sigue siendo esencial para satisfacer las necesidades humanas, una tarea para la que el financiamiento privado aún no ha demostrado ser capaz, y mucho menos para reparar décadas de inmensa extracción de riqueza del Sur Global.
