Gran Bretaña como superpotencia financiera mundial: La presidencia del G20 del Reino Unido en 2027 es una oportunidad histórica para arreglar el sistema
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Resumen de artículo
Los países en desarrollo pierden miles de millones anualmente a través de los pagos de la deuda y la elusión fiscal facilitada por las normas financieras mundiales.
El Reino Unido posee una influencia estructural única sobre la legislación de la deuda, el secreto fiscal y las instituciones financieras internacionales.
Al liderar la reforma en el G20, Reino Unido podría movilizar financiamiento para el desarrollo al tiempo que refuerza su propia credibilidad financiera y prosperidad a largo plazo.
Gran Bretaña ya no es una superpotencia militar, pero sigue siendo una superpotencia financiera mundial. El papel central de la City de Londres y de los Territorios Británicos de Ultramar en el financiamiento internacional otorga al Reino Unido una influencia estructural extraordinaria sobre los sistemas que configuran el desarrollo. Mientras el Reino Unido se prepara para asumir la Presidencia del G20 en 2027, se enfrenta a una oportunidad histórica: sin comprometer un solo céntimo del dinero de los contribuyentes, podría romper los ciclos de pobreza y la dependencia de la ayuda en el ámbito local y mundial mediante la construcción de un sistema financiero mundial más justo y funcional.
Flujos financieros en reversa
El contexto de la presidencia del G20 del Reino Unido, que comenzará en diciembre de 2026, muestra una profunda falla sistémica en el sistema financiero mundial. Bajo las reglas existentes, los flujos financieros netos son sumamente inequitativos: los países más pobres y vulnerables al clima del mundo están sufriendo una hemorragia de riqueza hacia acreedores rentables en el Norte Global a través de los pagos de la deuda.
Las cifras son desoladoras. Las naciones africanas gastan en promedio cincuenta veces más en pagos de deuda externa de lo que reciben en asistencia del Reino Unido, mientras que los prestamistas privados extrajeron de los países de ingreso bajo USD 141 mil millones reciben más en ganancias de lo que prestaron entre 2022 y 2024. Las economías en desarrollo pierden USD 46 mil millones cada año debido al abuso fiscal empresarial y, por cada dólar estadounidense recibido en asistencia, se pierden diez a través de flujos financieros ilícitas. Los beneficios de corregir los sistemas financieros serían totalmente transformadores tanto para los ciudadanos del Sur Global como para los del Reino Unido.
Gran Bretaña como superpotencia financiera
Es posible que el Reino Unido tenga más poder que cualquier otro país para construir un sistema mejor. El 90% de las deudas de los países de ingreso bajo con acreedores privados – como bancos, fondos de cobertura y gestores de activos – se rigen por la ley inglesa. Bajo la legislación vigente del Reino Unido, los acreedores privados pueden simplemente negarse a participar en las negociaciones de alivio de la deuda para, en su lugar, demandar a los países en situación de sobreendeudamiento ante los tribunales británicos. Una sola pieza legislativa podría obligar a los acreedores privados que operan bajo la ley inglesa a cooperar en las negociaciones de deuda. En 2010, el gobierno de Gordon Brown introdujo una legislación similar y las revisiones mostraron que no perjudicó la competitividad de la City de Londres (véase el Observador de Invierno de 2025). Hoy en día, una ley de este tipo no le costaría nada al Tesoro y, sin embargo, liberaría miles de millones para que los países de ingreso bajo inviertan en servicios esenciales, resiliencia climática y desarrollo.
La fiscalidad es el segundo ámbito en el que el Reino Unido ejerce un poder desproporcionado. Gran Bretaña y sus Territorios de Ultramar facilitan alrededor de una cuarta parte de la evasión fiscal mundial: más de USD 100 mil millones al año. Contar con registros públicos de titularidad real totalmente accesibles en todos los Territorios de Ultramar atacaría el núcleo del secreto extraterritorial. Los Territorios Británicos de Ultramar también facilitan una enorme proporción de los flujos financieros ilícitos, que privan de ingresos a las economías más pobres del mundo y fomentan la corrupción. El gobierno ha manifestado su ambición de trabajar con los países del Sur Global para combatir los flujos financieros ilícitos y organizará una cumbre a finales de este año para abordar el problema.
Ese mismo sentido de responsabilidad debe extenderse a las instituciones financieras internacionales, de las cuales el Reino Unido es un accionista principal. El FMI y el Banco Mundial siguen funcionando con estructuras de gobernanza que privilegian a los países ricos y restringen el espacio de políticas de los países de ingreso bajo (véase Al interior de las instituciones, What are the main criticisms of the World Bank and the IMF?); la Evaluación de la Sostenibilidad de la Deuda siguen siendo opacas (véase Al interior de las instituciones, What is the World Bank & IMF debt sustainability framework for low-income countries?); las condiciones de los préstamos priorizan la austeridad sobre el desarrollo; y los paquetes de rescate canalizan con demasiada frecuencia fondos públicos hacia el reembolso a prestamistas privados en lugar de fortalecer la resiliencia a largo plazo. El Reino Unido puede utilizar su poder como accionista para exigir reformas: modelos transparentes, evaluaciones integrales que tengan en cuenta el clima y los derechos humanos, el fin de los sobrecargos punitivos del FMI (véase el Observador de Otoño de 2024) y una mayor representación de los países de ingreso bajo y medio mediante reformas de las cuotas y de los Derechos Especiales de Giro (véase el Observador de Verano de 2024).
Una elección decisiva
A medida que el Reino Unido se acerca a su presidencia del G20 en 2027, enfrenta una elección decisiva. Puede seguir presidiendo un sistema que extrae riqueza de las naciones más pobres, o puede liderar una agenda de bajo costo y alto impacto para construir algo más justo y funcional. Los beneficios de una acción firme se sentirían tanto en el país como en el extranjero, con la protección de los ciudadanos británicos de a pie de la volatilidad económica mundial, la creación de nuevos mercados para las empresas del Reino Unido y la protección de los consumidores nacionales de la inflación impulsada por el clima. Al transformar la City de Londres y sus territorios de ultramar de refugios para la extracción en palancas para la estabilidad, el Reino Unido puede demostrar que el verdadero estatus de superpotencia en la era moderna puede medirse por la equidad de los sistemas que defendemos, situando a Gran Bretaña en el centro del financiamiento estable y sostenible del futuro. Al hacerlo, ayudaría a reconstruir el contrato social tanto en el país como en el extranjero, lo cual es esencial para reducir la inestabilidad política y social que florece cuando se percibe que las economías están amañadas o son injustas.

